sábado, julio 07, 2007

Renovados por Dios

Lecturas
Is. 66, 10 – 14
Sal. 65
Gal. 6, 14 – 18
Lc. 10, 1 – 12. 17 – 20

Al avanzar en el tiempo ordinario, nos topamos con lecturas como las de hoy, que quieren ofrecer un espacio de consuelo y esperanza para la comunidad. Dios es el gran restaurador de la humanidad, de todo el hombre, que necesita ser redimido. Y nosotros, como comunidad cristiana escuchamos ese llamado de restauración y consuelo aprendiendo a refugiarnos en Jesús Señor de nuestras vidas.
Isaías, el profeta que nos acompaña en esta primera lectura, quiere mostrarnos al final de su texto que Dios es quien regala la restauración y la paz para sus hijos. El contexto del texto parece apuntar a la restauración del templo de Jerusalén, en donde todos llegarán a construir luego del destierro un nuevo lugar donde habitar en paz y tranquilidad. La mano del Señor alcanzará esa restauración. ¿Quién fecunda la vida del hombre? Solamente el Señor que restaura.
Pablo hace alarde de una sola cosa en su vida: de gloriarse en el Señor, nada más. Y habla también de restauración, sin utilizar abiertamente el término: el dice “lo que importa es ser una nueva criatura”… o sea, dejarse restaurar por Dios, tal cual como el Señor les proponía a Israel en la antigüedad. Pablo encuentra en Jesús y en su cruz esa restauración que le hace vivir como el Crucificado.
El Evangelio de Lucas nos habla de una misión, en la que el Señor envía a 72 de sus discípulos para anunciar con gestos el Reino del Señor a través de las palabras y las sanaciones de quienes lo necesitan. El texto es lleno de muchas medidas, entre ellas el rogar antes que nada que no falten operarios para ese trabajo… luego realizar la labor evangelizadora. El texto tiene también muchos símbolos, como el número 72, que indica la totalidad de las naciones paganas mencionadas en el Génesis 10, lo que indica universalidad de la misión; y el número dos, en el que van los discípulos es para dar peso a la misión. La vuelta de los discípulos, contentos por los resultados, refleja precisamente la llegada de una nueva etapa en la salvación del hombre, que Jesús consumará en la Cruz; sin embargo, el Señor les advierte con respecto al riesgo al que están expuestos, porque el demonio aparece fuertemente tras los discípulos: hay que alegrarse, pero no porque los demonios se sometan y los sencillos acepten el Reino, sino porque sus nombres están inscritos en el Cielo; eso es el verdadero motivo de alegría. Lo que importa es participar de las exigencias del Reino y vivir renovados en ellas. (los que tienen sus nombres inscritos en el cielo, según Ex. 32, 32 ss. Son los que cumplen la voluntad de Dios).

Aprendizaje de la palabra:
- Protegidos por Dios: Así lo expresan las lecturas hoy. Si miramos a Isaías, el texto nos habla como si se tratara de una madre que protege a sus hijos, que los consuela y llena de caricias. ¡Qué misterio el de Dios que nos cuida! Nunca podremos comprenderlo del todo, ni vivir para agradecer tantos cuidados. Si Israel se dejó consolar por el Señor al regresar del destierro, hoy nosotros también somos invitados a vivir la misma experiencia de recogimiento y cariño. Abandonémonos a esas palabras.
- Nuevas criaturas en el Señor: Pablo hoy nos muestra la clave de la renovación en el Señor, que va más allá de la misión y de nuestras fuerzas… se trata de un nacimiento nuevo, de la restauración, como se hablaba en Isaías, de la llegada del Reino, como se proclama en el Evangelio en la misión. La misión arroja como resultado la transformación de la vida, el ser nuevas criaturas.
- Verdadera alegría del discípulo: Hoy el Evangelio nos ha hablado de estar alegres luego de la misión, pero no por el resultado de la misma, sino más bien por tener ese contacto profundo con Dios. Allí radica la verdadera alegría del cristiano, no tenemos otros motivos para estar más alegres que el simple hecho de conocer al Señor. Pablo lo entendió bien: “Yo solo me gloriaré en la cruz del Señor”, o sea, esa es la verdadera alegría, ser discípulo.

Vamos a pedir este fin de semana el don de ser felices como discípulos del Señor, el ser renovados en el espíritu, el caminar sabiendo que la bendición de Dios nos acompaña cuando cumplimos su voluntad. Pidamos también estos dones para quienes nos rodean. Amén.

sábado, junio 30, 2007

Vocación, llamado del Señor

Lecturas
1 Re. 19, 16 b. 19 – 21
Sal. 15
Gal. 5, 1. 13 – 18
Lc. 9, 51 – 62
Este fin de semana, la liturgia de la Iglesia nos invita a acoger la enseñanza del Señor desde el punto de vista del seguimiento más cerca de su Persona. Es la llamada firme y segura del Señor a seguirlo. Hoy, nosotros, como esos hombres que hemos escuchado en las lecturas, estamos llamados a vivir junto al Señor, siguiéndolo en nuestros quehaceres, en nuestra vida.
En la primera lectura, estamos frente a un claro relato vocacional. Elías, el profeta por excelencia dentro del A. T., está preparando a sus discípulos; por lo mismo, el Señor le indica a quien debe escoger y ungir para la misión de profeta. Lo primero que llama la atención en el texto, es la orden de Dios, de ungir a un profeta. El ungir, es símbolo de una posesión, de una exclusividad: se unge a quienes se les encomienda una misión especial. Los símbolos en esta lectura tampoco se hacen esperar. “Echar el manto”, es una acción simbólica que representa a la persona, su personalidad, indica posesión, tener derechos sobre alguien. No todos pueden tocar el manto de alguien, tomarlo, o tocarlo, porque eso indica que tengo una relación con su persona (recordar que cuando Elías se va, Eliseo le pide su manto, para quedarse con parte de su santidad; o la mujer que quiere tocar el manto de Jesús; o el mismo manto de Jesús que no puede ser rasgado por los soldados en la Cruz...). El manto es parte de la persona, desprenderse de él significa quedar sin identidad (por eso es tan duro esa máxima del evangelio de dar el manto a quien te pide la túnica). Acá sin embargo, el hecho de que Elías le tire encima el manto a Eliseo, significa que le está haciendo partícipe de su persona, de lo que hace él, de su misión: le está llamando a lo mismo. Eliseo va a despedirse de sus padres, se deshace de sus animales, quema el yugo (significado de cortar con todo lo que le ate a su pasado, de cortar con su vida hasta entonces), y sigue al profeta. Los relatos vocacionales en general, tienen este esquema:
Dios da una orden: “A Eliseo lo ungirás...”
Ejecución de la orden: “Elías partió y encontró a Eliseo.”
Cumplimiento de la orden: “Eliseo dejó sus bueyes y corrió detrás de Elías.”
En los relatos vocacionales del N. T. se da un esquema parecido. Así, según las escrituras, Dios llama a hombres y mujeres a su misión de Evangelización.
En la carta de Pablo a los Gálatas, se nos habla de algo que a simple vista puede ser mal entendido, y hasta contradictorio. Cristo nos ha librado de la esclavitud, nos ha llamado a vivir libres; sin embargo, Pablo les recomienda a los Gálatas que no abusen de esa libertad, sino más bien, que se hagan esclavos unos de otros, por amor a Cristo. Las recomendaciones son claras y fuertes: “Pero si ustedes se están mordiendo y devorando mutuamente, tengan cuidado porque terminarán destruyéndose unos a otros”. Parece que los problemas y diferencias entre los cristianos, han existido desde siempre. Lo importante, dice Pablo, es no dejarse ganar por los deseos de la carne, sino “dejarse conducir por el Espíritu de Dios”. La vocación a la que Dios nos ha llamado es... al amor: “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. La libertad de la que Pablo habla, no es el libertinaje, sino el principio de exigencia y generosidad: precisamente, porque soy libre gracias a la salvación del Señor, yo escojo amar. Una decisión clara.
En el Evangelio, ha comenzado la subida decidida de Jesús a Jerusalén. Durante el resto del tiempo ordinario que nos queda, las lecturas nos hablarán de los acontecimientos que el Señor vive junto a sus discípulos durante esa ida a Jerusalén. Hoy, nos narra pasajes relacionados con posibles discípulos del Señor, pero que no están muy dispuestos para ese camino. Veamos:
- Mientras iban caminando alguien le dijo a Jesús: “Te seguiré a donde vayas”, sin embargo, el Señor le responde con un enigma, dándole a entender la necesidad de ser absolutamente desprendido para seguirlo: “No hay donde reclinar la cabeza”. El Jesús de Lucas, jamás aparece en casa propia o de sus discípulos; es la soledad de su Misión.
- Jesús llama a otro: “Sígueme”. Sin embargo, el llamado del Señor tampoco encuentra eco en este hombre, que se excusa con su familia. Jesús le habla del Reino, dejando ver que la causa del Reino es más importante que la familia. Radical.
- Otro le dijo a Jesús: “Te seguiré Señor, pero...” Nuevo intento fallido de alguien que no está del todo plenamente listo para entregar su existencia al Señor. El Señor le replica claramente: “El que ha puesto la mano en el arado y mira para atrás, no sirve para el Reino de Dios”.

Hemos leído tres llamados de distintas formas, tres intentos fallidos de tres seguidores del Señor, que no han alcanzado a percibir a quien tienen al frente. Son llamadas radicales, exigentes; con ellas, Jesús quiere advertir a sus discípulos de los riesgos de seguirlo.
Y nosotros ¿cuántas veces el Señor nos ha hablado, y nosotros nos hemos quedado en excusas? No pocas veces. Siempre priman mis intereses, lo que yo quiero, lo que creo que me conviene. Incluso para los que estamos consagrados por el orden, muchas veces, no basta con haber hecho esa primera opción, es necesario renovarla constantemente, pedir al Señor que seamos aptos para anunciar el Reino de Dios.
Tampoco debemos extremizar el Evangelio, diciendo que Cristo nos exige por sobre nuestra realización personal. De hecho, sabemos que los discípulos andaban con su familia siguiendo al Señor; lo que quiere decirnos Jesús es cada creyente debe sacar de su vida aquel obstáculo que le impida dar testimonio del Reino de Dios en su vida.
Una última cosa. A veces corremos el riesgo de transformar el cristianismo en una cantidad de normas y preceptos tan difíciles de realizar, que más que tratar de cumplirlas, le hacemos el quite. El cristianismo va más allá; no es solo una cantidad de normas ético-morales que vivir, sino un don, que tiene rostro concreto: Jesús. El es la realización de nuestra existencia, de nuestro caminar diario, de nuestra vida. Pidamos al Señor en su seguimiento, la gracia de poder caminar, sabiendo que Él nos ha echado el manto encima, que nos ha llamado a desprendernos de aquello que nos impide acercarnos más plenamente a su persona, que nos ha llamado a nuestra realización como seres humanos a través de esta gracia: ser cristianos. Amén.

miércoles, junio 27, 2007

Algunos cambios

Me he decidido a hacer algunos cambios en el diseño de este blog, para que se vea un poco más ordenado y con un diseño más fácil. Los cambios los hice desde el mismo bloguer, al comienzo pensaba que había cometido un gran error... pero al descubrir la edición del mismo, me di cuenta que era tan sencillo, que no necesitaba saber mucho de blogs para realizar los cambios.
Cambiar siempre es bueno, de a poco seguiré introduciendo más cambios y cosas acá, así como en la vida misma, que como sacerdote siempre necesito cambiar.
Espero también que los cambios al blog signifiquen más lecturas, y traigan nuevos aires a este blog... pronto cumplirá un año, y creo que no han sido muchos los que me han leido.

viernes, junio 08, 2007

Corpus Christi

Gen. 14, 18 – 20
Sal. 109
1 Cor. 11, 23 - 26
Lc. 9, 11 b –17

Hemos llegado al domingo de Corpus Christi, que significa “Cuerpo de Cristo” en latín. Esta es la fiesta en que la Iglesia conmemora la institución de la Santa Eucaristía el Jueves Santo con el fin de tributarle a la Eucaristía un culto público y solemne de adoración, amor y gratitud. Por eso se celebraba en la Iglesia Latina el jueves después del domingo de la Santísima Trinidad; pero en la actualidad, en muchos países la solemnidad se celebra el domingo después del domingo de la Santísima Trinidad.
¿A qué apunta la celebración de Corpus Christi?
A la devoción en la Eucaristía, a la adoración de Cristo en el Sacramento, su veneración en el Sagrario, en donde se ha quedado por amor a los hombres para acompañarnos desde allí a todo el mundo. ¿Y qué cosas deberíamos tener claro este domingo?
Que la solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo, es la ocasión para agradecer al Señor Jesús por el don de la Eucaristía. Allí se nos da como Pan de Vida. La Eucaristía asoma como signo de unidad y lazo de amor entre Dios y el hombre. Es el lugar de encuentro entre Dios y el hombre, en donde estamos junto al Señor, en su sacrificio obrado en favor nuestro, es la prolongación de la vida, de la salvación de la que somos objeto los hombres: la celebración de este domingo, debe ser para nosotros el instante para renovar nuestro seguimiento del Señor. Más allá de los milagros que hicieron a la Iglesia proponer esta celebración, debe movernos el deseo de unirnos cada día más profundamente al Señor de la Vida.
En las lecturas, tendremos la oportunidad de reflexionar sobre esa entrega del Señor por nosotros, a través de otras oblaciones ofrecidas a Dios, y que nosotros los católicos entendemos como imágenes de la entrega de Jesús por nosotros. En el Evangelio, el texto de la multiplicación de los panes, es claramente un texto Eucarístico, con el que Lucas quiere mostrarnos lo que es realmente la Eucaristía: el lugar de encuentro, de comunión entre Dios y el hombre. Vamos a las lecturas.
En la primera lectura del libro del Génesis vemos una imagen de lo que es la Eucaristía; Melquisedec, rey de Salém, o Jerusalén, celebra una acción de gracias por Abraham, a quien Dios le ha permitido derrotar a sus enemigos. Pronuncia una bendición, y por lo mismo, tiene el efecto que se espera. Es Dios quien bendice en efecto, a través de las manos de Melquisedec. La exégesis bíblica ha visto en Melquisedec una imagen de David (o sea, del sacerdote, profeta y rey por excelencia), del Mesías (así lo escuchamos en el salmo 109), e incluso de Jesús: la carta a los Hebreos lo asocia al sacerdocio de Cristo; los padres de la Iglesia vieron en Melquisedec una imagen del Señor, y en su ofrecimiento de pan y vino un adelanto de la Eucaristía.

En la carta de Pablo a los Corintios, leemos la vivencia de una tradición: Pablo narra a la comunidad de Corinto, cómo lo que él hace, lo ha recibido de una tradición que se remonta al mismo Señor. Esta es una de las mejores evidencias de que la Eucaristía es un sacramento querido por Jesús mismo para nuestra salvación. Sólo en ella nosotros podemos seguir proclamando la salvación nuestra a través de la muerte y resurrección del Señor. La Eucaristía es una tradición que se ha enseñado y vivido de generación en generación… así hasta nosotros.
El Evangelio, no nos narra lo que hemos escuchado en la carta a los Corintios, sino que nos narra uno de los textos que la comunidad, a partir de un milagro del Señor lo relacionó con este otro milagro más grande todavía: la Eucaristía. Efectivamente, este texto de la multiplicación de los panes, es un texto eucarístico: los verbos bendecir, partir y entregar, son los mismos que aparecen en boca del Señor la noche de la última cena. Acá aparecen en el contexto de una comida improvisada, preparada para tantos que han seguido al Señor a escuchar su Palabra, sus enseñanzas sobre el Reino de Dios, que le han visto devolver la salud a quienes necesitan ser sanados, a quienes necesitan ser alimentados... todos estos elementos los encontramos en la Eucaristía. Acá venimos nosotros hoy para escuchar las maravillas del Reino de Dios, venimos a escuchar la Palabra de Dios, venimos a ser sanados de nuestras flaquezas y pecados, venimos a alimentarnos del Pan de Vida.
El regalo de la Eucaristía es un don que Jesús quiere compartir con sus discípulos de aquel entonces, y de hoy. Es el don que se hace amistad, para quien quiera aceptarlo, transformado en Sacramento, es el don hecho comunión; no podemos estar más cerca del Señor que a través de la comunión de su Cuerpo y sangre.
Hoy, Jesús nos dice a nosotros “denle ustedes de comer” a todos aquellos que llegan acá, golpeados por la vida, por el pecado. Hoy, nosotros somos esos discípulos que acompañan a Jesús, y por eso, nosotros debemos preocuparnos de que otros que vienen se encuentren con Él, de que se alimenten, de que sanen. Esta tarea, no es solo del sacerdote. Es de todos quienes han descubierto el don de la Eucaristía, de todos quienes formamos su Cuerpo.
Una última palabra, para quienes por diversos motivos, no pueden acercarse a la comunión sacramental. Y es de aliento y consuelo: su participación en la Misa, es importante, si bien es cierto, no reciben la comunión sacramental, pueden recibir y hacer comunión espiritual, que no es menor. Hoy, hay tantos que comulgan sin siquiera saber lo que reciben. Ustedes, que tienen conciencia de lo que es, y por lo mismo la valoran, atesoren eso en su corazón, y ayuden con su ofrecimiento para que quienes no saben lo que es la comunión, a que tomen conciencia del mismo. Esta entrega de no poder acercarse a la comunión sacramental, no resta que puedan participar de otros modos, alimentándose por ejemplo, de la Palabra del Señor, acercándose a la Adoración de Jesús en el sagrario, estando en comunión con él a través de la oración. Dios sabe su esfuerzo, y ciertamente, no quedará sin recompensa. No se sientan fuera de la Iglesia: ustedes, son esos miembros que necesitan de más apoyo, pero no por eso deben sentirse apartados del Señor y su Iglesia.
Celebremos entonces este domingo, con un corazón agradecido y contentos porque Dios se ha quedado con nosotros en la Misa. Hoy, cuando muchos no creen en esa presencia real del Señor en la Eucaristía, debemos poner mayor empeño en difundir su devoción, porque éste es el misterio central de nuestra fe, y el sacramento que nos da la vida eterna. Aprovechémoslo. Amén.

viernes, junio 01, 2007

Santísima Trinidad

Lecturas
Prov. 8, 22-31
Sal. 8
Rom. 5, 1-5
Jn. 16, 12-15

Al retomar el tiempo ordinario en la Iglesia, uno de los temas con los que abriremos estas catequesis de este tiempo, es el misterio de la Santísima Trinidad. Creo que es uno de los domingos más fuertes del tiempo ordinario, porque nos lleva hasta lo que creemos, lo que profesamos de un modo profundo. Es difícil tratar de explicar el misterio central de nuestra fe, pero es necesario hoy más que nunca afirmar ese misterio de manera clara, para fortalecer nuestro caminar como pueblo de Dios. Lo haremos de un modo ascendente, o sea, a través de lo que vemos, trataremos de llegar hasta el Señor, especialmente su rol con la creación.
En las lecturas, encontramos en la primera, un texto del libro de los Proverbios, que nos habla sobre la sabiduría, específicamente sobre su rol en la creación del mundo; aparece personificada, hablando de su rol en la creación, siempre bajo la mirada de Dios, que la utiliza para crear. En esta lectura nos encontramos con la Sabiduría del Creador, que se muestra, deleitándose con los hombres. Podemos leer en esa sabiduría una imagen del Hijo, Sabiduría y Palabra Creadora del Padre, por la que todo ha sido hecho.
En la segunda lectura, de Pablo a los Romanos, nos topamos con un texto – puente en la carta del apóstol: los primeros capítulos nos han hablado sobre la fe, y los que siguen, nos hablarán sobre la vida. Ambos temas aparecen en estos versículos, íntimamente relacionados: por la fe, el cristiano se ha fortalecido en el seguimiento del Señor, y sobre todo, se ha fortalecido para la vida; este proceso es escalonado: de la tribulación se pasa a la constancia, de ésta a la virtud, y de ella a la esperanza, sabiendo que esa esperanza no quedará defraudada. Es el amor de Dios derramada en los corazones lo que sostendrá esa fe y esa vida. El cristiano según esta lectura, no es un ser que alimenta utopías o sinsentidos, no, el cristiano es una criatura a la que Dios ama, a la que Dios le ha dado paz, y esa es la riqueza de la Iglesia: el amor y la paz de su Creador.
En el Evangelio de Juan, vemos la relación de Dios Padre, Hijo y Espíritu, reflejada en la relación con su Iglesia, con los discípulos. Esa relación, fortalecida por el Espíritu Santo que se encargará de la educación de la Iglesia, aparece con claras intenciones de revelar a los discípulos lo necesario para salvarse, y perseverar: Que Jesús es el Señor que ha venido a cumplir la misión que el Padre le ha encomendado, la salvación de los hombres.
Las ideas de hoy en las lecturas son bastante claras:
a) Dios ha creado al mundo con su majestad y poder. Esa creación sigue siendo creada a través de su Sabiduría, que no la abandona, está siempre con el hombre a través de su Espíritu.
b) Ese amor que Dios Padre ha derramado en el corazón de los hombres, nos capacita para la construcción de un mundo mejor. El amor y la paz en el hombre, serán los mejores signos de que acepta el desafío que Dios le encomienda de construir un mundo nuevo.
c) El mensaje de salvación de Dios Padre, revelado por el Hijo es todo lo que necesitamos para actuar. El Espíritu Santo hará el resto; recordemos que el Espíritu Santo es el gran pedagogo del hombre. Él le revelará la verdad necesaria.
Hoy, cuando Dios y su actuar en el mundo que muchos quisieran opacar, hablar de la Sabiduría con que Dios nos ha creado, no solo al mundo, sino sobre todo a nosotros, es de fundamental importancia. Pensar en esa Sabiduría, y sobre todo amor con que nos ha hecho, debe llevarnos a reflexionar en el rol que jugamos en el concierto de la Creación, sobre todo por nuestra trascendencia: somos la única criatura capaz de amar verdaderamente, la única criatura capaz de entender, de comprender, y sobre todo, de trascender más allá. Por lo mismo, es tan importante tomar esas palabras de Pablo a los Romanos “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado”, para vivir de acuerdo a ellas. Allí tenemos una tremenda riqueza que aprovechar.
El misterio de la Santísima Trinidad debe llevarnos a mirar y meditar sobre el misterio del hombre: ¿Por qué estoy acá? ¿Para qué me creó Dios? ¿Qué quiere Dios de mi? Que nadie se quede sin pensar en esas preguntas. Si logra respondérselas, descubrirá que fue creado para ser continuadores de un creación que sigue evolucionando; sabrá que tiene un rol importante en esta vida, como prolongador de la misericordia y del amor de Dios; que ha sido creado para amar, y de ese modo, ser prolongación del amor de Dios por toda la creación.
En las lecturas encontramos (como el día de hoy) claras evidencias de la acción de Dios en el mundo. Debemos dejar que Dios siga siendo Dios, sobre todo en nuestra vida, pidiéndole que continúe creándonos, que no deje de esparcir su amor a través de nosotros. Digámosle que queremos ser sus instrumentos. El ya nos ha capacitado para todo esto a través de la revelación que el Hijo nos ha hecho, y de su Espíritu que nos ha mostrado la forma de llevarlo a cabo en el hoy.
La mejor evidencia de la existencia de Dios y su misterio trinitario, es el reflejo que el hombre puede hacer de él. Pidamos al Señor de la Vida y la Creación que nosotros seamos esa evidencia. Que la creación, a través de nosotros, siga siendo re-creada, que el hombre, a través de nuestra ayuda, pueda encontrar al Dios Trino que nos ama. Solo si dejamos actuar al Señor en nuestra vida, podremos contemplar este misterio de compartir la misma vida de Dios.
pd: La imagen la tomé de: www.dominicos.org

sábado, mayo 26, 2007

Pentecostés


Lecturas:
Hch. 2,1 – 11
Sal. 103
1 Cor. 12, 3 b – 7. 12 – 13
Jn. 20, 19 - 23

Hemos llegado al final del tiempo Pascual. Estos cincuenta días, han sido un caminar junto al Señor. Es importante que al llegar a esta etapa, miremos esos 50 días, y revisemos lo que Dios nos pedía en su Palabra al comenzar la Pascua. Durante este tiempo, el Señor nos invitaba a tener paz, a estar alegres en la comunidad, a dar testimonio, y sobre todo, a no temer. Esos fueron los llamados, que a grandes rasgos nos hacía el Señor. Este llamado es lo que hemos tratado de cultivar y acrecentar estos 50 días, y es importante que los tengamos presentes, porque el acontecimiento Pascual de la Resurrección del Señor, está muy relacionado con la solemnidad que estamos hoy celebrando. La celebración de nuestro Pentecostés tiene su origen en la fiesta judía de las semanas, en las que los judíos celebran durante siete semanas la alegría de la Pascua. Se trataba de una fiesta agrícola, en la que se cosechaba lo sembrado. Ya esta idea puede darnos una bonita lectura de nuestro Pentecostés, o sea, que al final de estos 50 días nosotros debemos cosechar aquellas cosas que el Señor ha sembrado durante su permanencia resucitada en medio nuestro; por lo pronto, de los que hablaba anteriormente: sacar nuestros temores, estar alegres y producir paz. Ojalá que cada uno al hacer el balance de su vida, durante estas siete semanas, pueda descubrir que ha crecido en alguna de estos frutos.
En las lecturas de este fin de semana, la presencia del Espíritu Santo nos lleva a prolongar esa alegría, nos llama a dar como un fruto abundante la paz, y nos envía a esta misión de llevar el mensaje de salvación y misericordia a todos.
En la primera lectura, en el libro de los hechos, leemos la venida del Espíritu Santo sobre la comunidad reunida, y allí se realiza el milagro del Señor. Como primer fruto, aparece la diversidad de lenguas en las que el Espíritu les permite expresarse, mostrándonos de ese modo, la universalidad de la misión a la que les prepara. Este milagro nos da para entender mejor el rol del Espíritu, y la misión que nos da para actuar en el mundo, de ser portadores de un mensaje de vida nueva junto al Señor.
Esta misma idea, se ve reforzado en la lectura de Pablo, que nos habla de unidad diciéndonos que el Espíritu Santo nos une como miembros de un mismo Cuerpo, el de Cristo; la gracia de esta lectura, es la plasticidad, el grado de renovación y diversidad que le da el Espíritu a este Cuerpo, haciendo que fluya una multiplicidad de vocaciones, cualidades y gracias. La unidad de ese Cuerpo, es el principal fruto que produce el Espíritu en la comunidad cristiana. Es importante también esa idea de que nadie sin el Espíritu Santo puede confesar a Jesús como Señor. Hoy, al finalizar también la semana de oración por la unidad de los cristianos, sin duda seguimos pidiendo más que nuca que el Señor nos regale el don del Entendimiento, para llegar algún día a disfrutar de la tan anhelada unidad que el Señor quiere de los que formamos su cuerpo.
El Evangelio nos lleva al reforzamiento de estos principios de unidad, al ofrecernos el perdón de los pecados por la gracia del Espíritu a través del sacramento; y de la paz, que debe ser el valuarte con que los discípulos entregan esa reconciliación. El Espíritu da como fruto a quien se siente perdonado, la paz, para poder entregarlo a todos quienes tanto lo necesitan. Vemos reflejado también en este Evangelio, que el temor inicial de los discípulos, desaparece cuando Cristo aparece, y se transforma en alegría desbordante al recibir la Fuerza de lo alto. Solo entonces, pueden salir a ofrecer al mundo ese don tan preciado de la paz.
¿Qué podemos decir con estos pocos elementos?
Que es el Espíritu Santo quien da unidad a este Cuerpo llamado Iglesia, y nos lleva a aceptar a todos – en una multiplicidad de dones – y a confesar a un solo Señor: Cristo.
Que es el Espíritu Santo el que sopla sobre nuestra vida, llevándonos a reconciliarnos a través del sacramento del perdón, para desde allí poder entregar y ofrecer nosotros al mundo, como un testimonio del poder del Señor, una vida reconciliada, sanada, limpia. Solo el Espíritu es capaz de hacernos amar más allá de lo que nosotros creemos; sólo el Espíritu puede hacernos perdonar a los hermanos cuando hemos sido ofendidos.
Bien. No podemos olvida también en estos días el llamado de nuestros Obispos, que nos piden orar por ello, que reunidos en Aparecida, Brasil, se esfuerzan iluminados por el Espíritu Santo en encontrar los mejores caminos para nuestra Iglesia en América Latina.
Que el Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos encienda el corazón para vivir un Nuevo Pentecostés en el mundo. Amén.


sábado, mayo 12, 2007

Homilía

6º Domingo de Pascua
13.05.07

Lecturas
Hch. 15, 1 – 2.22 – 29
Sal. 66
Apoc. 21, 10 – 14.22 – 23
Jn. 14, 23 – 29

Este es uno de los últimos fines de semana de Pascua: ya el próximo fin de semana celebraremos la Ascensión del Señor, y el siguiente, la fiesta de Pentecostés. Hoy las lecturas quieren mostrar la riqueza de los dones del Señor resucitado profundizando en las ideas de la semana pasada, sobre la vivencia del Evangelio y la prolongación de eso en la comunidad cristiana.
La lectura de los Hechos de los Apóstoles, nos muestra el primer Concilio del que guarda memoria nuestra Iglesia. Los Concilios en la Iglesia son convocados para resolver temas relacionados con la fe de la comunidad, para sentar las bases sobre lo que debemos saber y vivir como comunidad de discípulos. En el texto de hoy, vemos como los cristianos de origen judío reclamaban que quienes entraban a la fe, desde el paganismo, debían circuncidarse, al modo del judaísmo. Por ello, los discípulos y presbíteros se reúnen en Jerusalén para resolver el tema. El acta de ese primer Concilio es lo que leemos hoy: ¿conclusión? No poner más cargas más que las indispensables a los recién llegados a la fe, más que se abstengan de participar en las comidas con los paganos e idólatras, de comer carne de animales sin desangrar y de las uniones ilegales… esos eran los temas que les dividían en aquellos esplendorosos comienzos. A esto, claro, sumamos los mandatos evangélicos. En el fondo, lo que quiere mostrarnos el texto, es que no salva un rito (la circuncisión), sino la persona de Jesús quien la ofrece; y para seguirle, es necesaria la pureza y dejar a los ídolos. El texto en este fin de semana nos viene muy bien, porque a nivel de Iglesia en América Latina, se celebra la 5ª Conferencia General de Obispos, una especie de Concilio más local, que mira a trazar los caminos que nuestra Iglesia. Durante estos días nuestros ojos se vuelven a Brasil, en donde en compañía del Papa Benedicto XVI nos unimos en oración para que el Espíritu Santo nos trace el camino en el inicio de este nuevo siglo. La Iglesia tiene esta riqueza: la Tradición, que se encarga de guardar los mandatos emanados, luego de la partida del Señor, el especificar las cosas esenciales de las accidentales para no confundir el andar.
El libro del Apocalipsis, nos sigue mostrando lo adelantado la semana pasada: la Jerusalén celestial, la proyección de nuestra futura realidad, el destino de la comunidad de la Iglesia. Lo decíamos la semana pasada: esta Jerusalén celestial, es imagen nuestra, triunfante, gloriosa, resucitada, plena de felicidad… Es el cumplimiento de todas las promesas del A.T., la vivencia profunda del Evangelio del Señor. Allí ya no será necesario templos ni de ritos: el Señor será la plenitud de la alegría eterna. Hacia allá durante el tiempo de Pascua seguimos mirando, llenos de esperanza en nuestra futura resurrección con el Señor.
El Evangelio de Juan nos habla de varios temas; por un lado, asoman la fidelidad a la Palabra que nos ha entregado; la promesa del Espíritu Santo, que nos ayudará a recordar esas Palabras de vida y además uno de los dones del Resucitado: la paz. Las tres cosas están entrelazadas: solo quien es fiel, puede recibir el don del Espíritu Santo, porque se ha abierto plenamente hacia Dios, ha volcado su existencia a caminar bajo su amparo, y como consecuencia, es portador de la paz que solo Dios puede entregar, que va mucho más allá de la ausencia de conflicto a nuestro alrededor, sino que le engloba totalmente en una vida en la que se tiene la gracia de esa paz para vivir interna y externamente tranquilo y resucitado. En este discurso de despedida del evangelio de San Juan, Jesús no pretende que quedemos a la deriva, sino que la salvación se hace patente en sus palabras; de ahí la necesidad de hacer cada día la voluntad que nos pide, para comprender de mejor modo su Voluntad.

Aprendizaje de la Palabra:
- Solo Dios salva en la fe al discípulo: Hoy, en un mundo lleno de muchas cosas que nos dificultan ver lo esencial, podemos caer en la trampa de perder de vista lo realmente necesario para salvarnos. Solo Jesús nos salva: la Iglesia, es el medio como nos acercamos y vivimos la fe que hemos recibida y conservada en la Tradición, pero el centro siempre es y seguirá siendo Cristo. En las primeras comunidades, como en las de hoy, los conflictos existían, y se solucionaban con oración y diálogo; la fe se ve enriquecida por ese diálogo y desde allí caminamos hacia la unidad tras la persona del Señor. No perdamos de vista el norte, que a veces se nos tapa con las ramas. Ya les decía lo importante que es en estos días para la Iglesia Latinoamericana la V conferencia Episcopal, porque en ella se encuentran distintas visiones de hacer Iglesia en nuestra América, que confluyen en lo esencial: la persona de Jesús. Hoy, a mi, ¿quién me ha salvado?, ¿me uno a la Iglesia en esa búsqueda de salvación?
- El señor de la Paz, la Fidelidad nos salva: Cuando nos enfrentamos a la vida que hemos escogido, solo podemos mirar y sacar las conclusiones respecto de lo sembrado en ella. ¿Qué encontramos?, ¿Qué nos dice nuestro corazón? La Escritura, al menos nos dice que el hombre fiel a la Palabra del Señor, encuentra la vida y la paz, esa paz que el mundo no da… ¿Y el Espíritu Santo? Es quien nos mantiene con la vista alta para no turbarnos al caminar. Hoy, se nos ofrece a la luz del Evangelio la clave de nuestra vida cristiana: Fidelidad y paz, como dones que el Espíritu ofrece a nombre del Señor para los justos de corazón.

Pidamos durante estos días la luz del Espíritu para nuestros Obispos, religiosos y laicos delegados de la V conferencia General de los Obispos de América Latina y el Caribe, y que ese Espíritu nos prepare también a nosotros, como discípulos para acompañar a los demás hermanos en la fe. Amén.

sábado, mayo 05, 2007

5º Domingo de Pascua

Lecturas
Hech. 14, 21b – 27
Sal. 144
Apoc. 21, 1 – 5 a.
Jn. 13, 33 a. 34 – 35

Ya estamos alcanzando la madurez del tiempo pascual, y por ello las lecturas nos muestran un contenido más profundo y claro respecto del mensaje central de la vivencia de lo que Dios nos quiere comunicar. El quinto domingo pascual nos habla sobre el amor, sobre el mandato tan antiguo, pero siempre nuevo en los labios del Señor.
El libro de los Hechos de los Apóstoles, nos habla de los viajes de Pablo y Bernabé. Ya la semana pasada escuchábamos cómo habían dejado de predicar a los judíos para centrarse en los “paganos”. Bueno, hoy, echamos un ojo a la apretada agenda de estos apóstoles, y nos damos cuenta de que esa propuesta que asomaba la semana pasada, hoy ya está dando frutos de conversión entre los nuevos evangelizados. Seguramente en cada comunidad que nos describe hoy, pasaron ayudando a organizarles: les exhortaban a permanecer fieles a la gracia de Cristo, ordenaban presbíteros (sacerdotes), oraban por ellos. Así nace la Iglesia, hoy, el texto nos hace asomarnos a los inicios de nuestras comunidades, a la necesidad de vivir ordenadamente la fe que han recibido. Nosotros, claro que sabemos estas cosas, pero no siempre las tenemos en el tapete, y por desgracia, no podemos dar testimonio 100% sobre la fidelidad de la que se nos habla, o no siempre oramos unos por otros. En nuestras comunidades necesitamos recuperar el sentido solidario, el espíritu de unión de estas comunidades. ¿Qué tenían ellas que nosotros hoy no tenemos? Creo que básicamente el sentido de pertenencia. Mientras no nos sintamos Iglesia, mientras nos mantengamos al margen del corazón de la comunidad, poco podremos comprender este bello texto.
El libro del Apocalipsis, nos sigue narrando la visión de Juan en que contempla el cielo abierto, y ve a la Nueva Jerusalén que baja embellecida para unirse para siempre al Señor Dios. Ya la semana pasada veíamos cómo muchos habían lavado su túnica en la Sangre del Cordero, los que venían de la gran tribulación. Bueno, hoy, esos miles de millares que describía la lectura la semana pasada, es la Nueva Jerusalén, que se embellece para unirse al que está sentado sobre el Trono. Es éste Señor, sentado sobre el Trono quien habitará en medio de ellos para siempre, quien secará las lágrimas de los ojos, el que vencerá a la muerte, al dolor, la pena. Él hará “nuevas todas las cosas”…
Juan, en el Evangelio nos lleva a un pasaje en que el Señor, antes de partir a su Pasión, nos deja el discurso de despedida, marcado por los conceptos de la unión con el Padre Dios y el Mandamiento Nuevo. “En esto, todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan unos a otros”… “ámense los unos a los otros, así como yo les he amado…” Sin duda la vara queda bien alta, pero el Señor quiere dejar un mandato que es ya sabido, esto estaba escrito en la ley mosaica, y sin embargo, al parecer el amor fraterno no era la relación imperante en esa época. ¿Qué podemos decir hoy nosotros?; ¿Cómo está nuestro amos hacia los demás?

Aprendizaje de la Palabra:
- El amor como base en nuestras relaciones: Lo del mandato del Señor a los suyos antes de partir podemos entenderlo claramente; lo difícil, es que se nos complica vivirlo como el Señor lo sueña. ¿Por qué nos cuesta amar de verdad a los demás? Ninguno de nosotros puede abstraerse de esta pregunta, especialmente porque formamos parte de una comunidad cuyo mandato podemos reducir en esta máxima. Hoy, se nos ha presentado el corazón del Evangelio, y no siempre podemos decir que lo vivimos plenamente. Dios nos ha capacitado para amar, nos ha creado para amar de verdad, sin miramientos… no perdamos ese objetivo en nuestro diario vivir.
- El amor en las relaciones de comunidad: Pablo al narrar las maravillas que el Espíritu Santo obraba a través de su predicación por Asia Menor, sin duda descubrió el corazón del Evangelio que acabamos de escuchar. ¿Qué lo movió a predicar tan ardientemente a quienes ni siquiera conocía? No hay duda que fue el Amor de Dios que le quemaba el corazón. Hoy, necesitamos en nuestras comunidades eclesiales retomar ese ardor, esa fuerza vital para poder anunciar a Cristo Vivo y Resucitado con más ganas que nunca.
- El Señor que hace nuevas todas las cosas: Si, así es. Solo Dios renueva nuestra vida, nuestro mundo, nuestra historia. Eso lo descubrieron millones de personas antes que nosotros, y de nosotros depende que millones más lo descubran después de nosotros… ¿Qué ha hecho el Señor por mi?, ¿Cómo me ha renovado? La visión de Juan deja ver un futuro esplendoroso, lleno de alegría y vida, pero nos falta aún para llegar a esa realidad escatológica. Hoy estamos llamados al testimonio y la vivencia de las cosas con una mirada nueva.

Pidamos al Señor de la Vida que nos renueve de corazón, que recree nuestro mundo, que nos utilice como sus instrumentos. Que el Señor que nos ha mostrado el camino del amor como fin de nuestra vida, nos haga amar más allá de lo que hemos soñado. Amén.

sábado, abril 28, 2007

Buen Pastor

4º Domingo de Pascua
29.04.07

Lecturas
Hech. 13, 14. 43 – 52
Sal. 99
Apoc. 7, 9. 14b – 17
Jn. 10, 27 – 30

Cada semana del tiempo pascual es especial, lo decíamos la semana pasada por el hecho de que la Pascua es el paso del Señor Resucitado en nuestra comunidad, y hoy de un modo especial porque celebramos a este Señor como Buen Pastor. Hoy es la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Hoy celebramos el hecho de que el Señor nos pastorea, nos cuida porque somos su pertenencia que el Padre le ha entregado.
El libro de los Hechos de los Apóstoles nos narra como la Palabra del Señor se esparce ahora, ya no a los judíos, sino también a quienes no profesan esa religión. Es la apertura de la Palabra del Señor a todos los hombres de boca de Pablo y Bernabé quienes evangelizan, a pesar de la oposición judía, a quienes quieran abrazar la fe en Cristo. Al leer el libro de los Hechos de los Apóstoles, queda la sensación de que la Palabra de Dios actúa, como si se moviera sola, sin necesidad de intermediarios humanos… Y en realidad, así es la Palabra, especialmente cuando la leemos a la luz de la Resurrección del Señor, animados por la presencia del Espíritu Santo. La lectura dice: “Así la palabra del Señor se iba extendiendo por toda la región”.
El libro del Apocalipsis que nos ha acompañado durante estos días pascuales, nos habla hoy de la esperanza que viviremos en la eternidad. Se nos describe una muchedumbre imposible de contar, de todos los pueblos de la tierra, delante del Cordero que está en el trono. Esa muchedumbre es la que ha pasado la gran tribulación, la gran prueba y han sido hallado dignos del Señor. La descripción es realmente estremecedora y llena de esperanza: Nunca más tendrán hambre, o sed, ni calor, ni frío… y eso ocurrirá porque su pastor será el Cordero: hasta el llanto será borrado de sus rostros.
El evangelio de Juan nos habla sobre Jesús Pastor, sobre su misión para con nosotros. De Jesús Pastor, podemos decir miles de cosas, pero solo nos quedaremos con lo que nos dice el Evangelio:
- Nos conoce, y los que son de su Rebaño, reconocen su voz.
- Él nos da la Vida Eterna: jamás moriremos y nadie nos podrá separar de sus manos.
- El Padre Dios nos ha puesto en sus Manos de Pastor.

Con estos elementos, ya podemos identificar claramente lo que significa ser pastoreados por el Señor Jesús. Frente a lo desprendido del Evangelio, debemos tener la confianza de saber que al escuchar su voz, Él también escucha la nuestra; saber que tenemos Vida Eterna al permanecer en su Rebaño; comprender que Dios nos ha destinado para estar junto a su Hijo Jesucristo.

Vivencia de la Palabra:
- Su Palabra tiene Vida Eterna: Esta es una frase que nos encontramos en los mismos Evangelios, pero que a la luz de lo proclamado hoy, podemos deducirlo claramente… Al leer el libro de los Hechos de los Apóstoles, vemos que ésta Palabra tiene fuerza propia, que da vida, y que mantiene junto al Señor. El Evangelio, nos ha dicho que quienes permanecemos unidos a Jesús Pastor, escuchamos su voz; además nos ha agregado el Evangelio que éste Pastor nos da la Vida Eterna. ¿Aún no te queda claro?
- El Señor como Pastor Eterno: A quienes no conocen la labor del Señor como Pastor y sus efectos en nuestra existencia, el texto del Apocalipsis nos da una buena mirada hacia el futuro que nos espera. La imagen del Cordero – Pastor, es otra imagen muy bella del Apocalipsis, que busca alimentar la esperanza de quienes eran perseguidos a causa del nombre del Señor. No hay que temer por sufrir por su Nombre y su Palabra, si sabemos que nos espera un futuro tan lleno de plenitud.
- El Pastor que nos habla y conoce: ¿Quién nos conoce más y mejor que el Señor Pastor? Nadie. Solo Él tiene las Palabras que nuestra vida y corazón necesita. La pregunta que salta hoy a la vista es ¿cómo reconozco hoy su voz? Creo que eso se hace en la lectura asidua y frecuente de la Palabra; en el silencio, elemento muy poco valorado en este bullado mundo; en la oración; también en la voz de los pastores de la Iglesia que nos hablan a través de la voz de muchos consagrados; en la voz de quienes nos rodean. ¿Estoy dispuesto a escuchar esas voces? Tengo la impresión que muchas veces preferimos alzar la voz, antes que callarnos y escuchar. Creo que nos estamos perdiendo de muchas cosas.

Bien, no olvidemos por último que hoy se nos invita a hacer oración por la vida consagrada especialmente, y ha hacerla de un modo personalizado pidiendo a Dios el don de un hijo (a), nieto (a) consagrados al Señor.
No dejemos de pedir estas gracias al Señor junto con dejarnos pastorear por el Señor. Bendiciones.

sábado, abril 21, 2007

Plenitu de la Pascua

3º Domingo de Pascua
22.04.07

Lecturas
Hech. 5, 27 – 32. 40b – 41
Sal. 29
Apoc. 5, 11 – 14
Jn. 21, 1 – 19

Durante el tiempo Pascual, cada uno tiene la posibilidad de hacer mucho más tangible la relación con el Señor. En realidad, el tiempo Pascual es como adelantar el cielo por unos días, y vivir junto al Señor Resucitado que se sigue manifestando claramente en la vida. El mensaje de estos días es claro: Jesús ha muerto por nuestros pecados, pero ha Resucitado… y es ese el mensaje que hay que transmitir a todos.
La primera lectura, resume un poco lo dicho anteriormente. Nos topamos con un texto en que los Apóstoles son cuestionados por el Sanedrín y los sumos sacerdotes, quienes les prohíben hablar en el nombre de Jesús. Pedro, lleno del Espíritu Santo, habla con vehemencia y fuerza sobre el Resucitado. El testimonio, es la base de su mensaje y es la base de la enseñanza que entregan a quienes les siguen. Detrás de ellos, sin duda, el mismo Espíritu Santo les alienta para anunciar el mensaje de salvación.
El bello texto del Apocalipsis, hoy nos sigue narrando las cosas que Juan observa. Hoy ve a la Corte Celestial que adoran al Señor que está sentado en el Trono, quien es digno de recibir todo honor y gloria. El autor no deja de admirarse de lo que observa, y nos confirma lo que esperamos del cielo: que todas las criaturas están adorando al Señor. En la liturgia, nosotros hacemos eso también.
El Evangelio de Juan nos sigue narrando la gran alegría de estos días Pascuales: El Señor está Resucitado. Juan nos cuenta un texto lleno de muchos detalles que hacen que la lectura sea amena y muy particular. Los discípulos han vuelto a su oficio (pescadores), de la mano de Pedro quien les guía en la esquiva pesca que realizan en la noche. Al amanecer, el mismo Jesús que se les muestra, les ordena echar las redes nuevamente, y al hacerlo, Juan lo reconoce avisándole a Pedro. Nada más llegar a la orilla, el Señor les da de comer… se respira confianza y calidez en las palabras del Evangelista, que nos transmite lo vivido. Luego, una segunda parte del texto, en donde el Señor le pregunta a Pedro sobre el amor… tres preguntas para confirmar que le necesita para una misión mucho más importante que solo ser pescadores de peces… ser Pescador de Hombres, o sea, ser quienes se dediquen a recoger a los hombres para llevarlos hasta Dios. El texto, centrado en un diálogo de amor, solo busca una respuesta a esa misma altura. La Eucaristía asoma como el lugar preciso para proclamar el amor de Dios por los hombres, y la confianza entregada.

Aprendizaje de la Palabra:
- Pascua del Señor, tiempo del testimonio: El texto de los Hechos de los Apóstoles, no hacen más que confirmar que el Evangelio de Jesús no se puede callar, que estamos llamados a ser verdaderos testigos, valientes de su mensaje de salvación. ¿Qué hubiese pasado si Pedro y los demás discípulos hubiesen callado lo que vivieron junto al Señor? Seguramente como comunidad no tendríamos la posibilidad de existir plenamente. Gran parte de lo que somos, lo debemos al testimonio valiente de muchos que anónimamente nos alientan en la fe y que han hecho posible, gracias a su testimonio, que Dios sea amado por millones en todo el mundo. La Pascua es el tiempo preciso para proclamar con más fuerza que nunca que Cristo vive Resucitado en medio de su pueblo, que nos cuida, que nos regala su vida para que tengamos Vida Eterna.
- La Iglesia y su tarea evangelizadora: Si hay cosas de las que podemos estar 100% seguros en la Iglesia, es de haber recibido la misión de apacentar al rebaño directamente del Señor. Así lo hemos leído hoy, porque la comunidad cristiana desde sus albores así lo entendió. Juan hoy nos relata en el Evangelio la experiencia de una comunidad que camina, que trabaja, a la cual a veces se le ha perdido la presencia del Señor, pero que vuelve cada vez que necesita encontrarse con Él… ¿y donde lo descubre? En la Eucaristía, el Sacramento del mismo Señor. De ella se nutre para poder evangelizar a quienes lo necesitan. Preocupaciones habrán muchas, lo mismo que flaquezas y abandonos, pero el Señor siempre permanecerá fiel a la orilla del mar, esperando con la mesa servida para alimentarnos, para que desde allí podamos salir a alimentar a otros.¿Quién responde a ese llamado? Es importante hoy por hoy hacernos esa pregunta: la vida vocacional de muchos, está en juego, y necesitamos dar respuesta, especialmente por la labor evangelizadora que cada uno, desde su realidad debe asumir a plenitud.


Pidamos al Señor poder caminar siempre bajo la luz de su Resurrección, sabiendo que nadie transita solo en la fe, sino que vivimos en la comunidad en donde el Resucitado nos alienta y alimenta. Amén.

sábado, marzo 31, 2007

Domingo de Ramos

Hemos finalizado el tiempo de Cuaresma y desde hoy vivimos la Semana Santa, en la cual tenemos la oportunidad única de acercarnos más a los misterios de nuestra salvación. La Semana Santa (que iniciamos con esta celebración), la concluiremos el Domingo de Resurrección. Durante esta semana viviremos junto al Señor su entrada Triunfal en Jerusalén, nos acercaremos al Misterio de la Institución de la Eucaristía, le acompañaremos en su Pasión, Muerte y Resucitaremos junto a Él la noche de Vigilia Pascual.
El día de hoy, los sentimientos son de alegría y desconcierto también. Lo iniciamos con la alegría de reconocerle y de bendecirle como el Hijo de David, nos acercamos junto a la multitud que lo aclamaba al entrar en la ciudad santa, pero que pronto se dejará seducir por la intriga en contra del Señor preparada por las autoridades religiosas de Jerusalén.
Las lecturas nos mostrarán a un Señor que se deja llevar hasta el suplicio para así realizare la voluntad del Padre Dios. Isaías nos recuerda uno de los cánticos de un siervo, que se ha dejado atropellar por sus verdugos… este siervo no se ha arrancado de ese destino porque su confianza ha sido puesta en Dios, y en Él no quedará defraudada su esperanza.
Pablo, en la carta a los Efesios nos recuerda que el Señor se ha hecho siervo, haciéndose semejante a los hombres con el único objeto de salvarnos. Esa oblación le vale al Señor Jesús para ser exaltado por sobre todas las cosas, seres y condiciones. Solo ante Él se doblará toda rodilla y por Él se proclamará la Gloria de Dios.
El Evangelio de Lucas nos habla de muchas cosas: la institución de la Eucaristía en un discurso sobre el servicio, pero el acento se marca en la persona de Pedro, quien primero reafirma su condición de discípulo para caer en la traición de negarle luego… finalmente volverá al Señor. Entre estos temas, el Señor es entregado para ser crucificado por las autoridades religiosas de la época.
Este fin de semana tenemos los dos extremos del seguimiento del Señor… la gloria de la entrada triunfal, y la muerte y cruz de Jesús. Sin embargo, un tema cruza estos textos: la idea de ser discípulo, del servicio, del servidor, tal cual como lo apreciamos en el texto de Isaías o en el texto de Pablo, tal cual como lo vemos en la presencia de Pedro, y del discurso con el que se despide el Señor Jesús de los suyos en la Última Cena.
La invitación es clara para esta semana que iniciamos: hacernos servidores y discípulos del Señor, de los hombres y mujeres que viven necesidades, ser más cercanos al término “servicio”, tal cual como nos pide el Señor en el Evangelio. No hay duda que esta semana es el centro de nuestra vida espiritual. No la desperdiciemos.

viernes, marzo 30, 2007

Una historia

No pocas veces nos sentimos atrapados por las dificultades, sin saber que de ellas podemos sacar grandes enseñanzas, como la que leí en el blog de Barquisimetana quien desde Venezuela nos regala esta historia que pego a continuación:
Un día, el burro de una campesina se cayó en un pozo. El animal lloró fuertemente por horas, mientras la campesina trataba de averiguar qué hacer. Finalmente la campesina decidió que el animal ya estaba viejo, el pozo estaba seco, y necesitaba ser tapado de todas formas y que realmente no valía la pena sacar el burro. Invitó a todos sus vecinos para que vinieran a ayudarla. Todos cogieron una pala y empezaron a tirar tierra al pozo.
El burro se dio cuenta de lo que estaba pasando y lloró horriblemente. Luego, para sorpresa de todos, se aquietó. Después de unas cuantas paladas de tierra, la campesina finalmente miró al fondo del pozo y se sorprendió de lo que vio: con cada palada de tierra, el burro estaba haciendo algo increíble.
Se sacudía la tierra y daba un paso hacia arriba…mientras los vecinos seguían echando tierra encima del animal, él se sacudía y daba un paso hacia arriba. Bien pronto todo el mundo vio sorprendido como el burro llegó hasta la boca del pozo, pasó por encima del borde del pozo y salió trotando.
La vida va a tirarte tierra, todos tipos de tierra…El truco para salirse del pozo es sacudírsela y dar un paso hacia arriba. Cada uno de nuestros problemas es un escalón hacia arriba.Nosotros podemos salir de los mas profundos huecos, si nunca damos nuestro brazo a torcer (querer Salir). Sacudirse y dar un paso hacia arriba.
Simple y bello, no?

sábado, marzo 24, 2007

Homilía

Este es el último fin de semana antes de Semana. Aprovéchen de confesarse...
5º Domingo de Cuaresma
25.03.07

Lecturas
Is. 43, 16 – 21
Sal. 125
Flp. 3, 8 – 14
Jn. 8, 1 – 11

Estamos llegando a la última semana de Cuaresma antes de entrar de lleno en la Semana Santa, a la que el tiempo cuaresmal nos ha preparado. Ya la semana pasada hablábamos de hacer balances, y hoy las lecturas nos muestran la misericordia que Dios tiene con nosotros. Las lecturas de esta última semana cuaresmal nos hablan de las cosas que el Señor ha hecho por el pueblo, para darle vida y seguir manteniendo esa vida en ellos, lo que Pablo nos muestra respecto a su cercanía al Señor, el caso de la mujer en adulterio, que es perdonada por el Señor y exhortada a dejar esa vida. Miremos las lecturas.
Isaías nos muestra un texto que bien puede ser leído en corte profético, por el mensaje lleno de esperanza que tiene respecto del futuro del pueblo. El mismo Señor está haciendo germinar algo nuevo, se trata de una restauración tal que llevará que brote agua y vida en donde no lo había. De esa agua beberá el pueblo escogido para pregonar sus alabanzas. Hoy, al finalizar la Cuaresma casi, podemos mirar nosotros y reconocernos en ese pueblo escogido para pregonar esa alabanza a través de nuestra vida. El agua que Dios ha hecho brotar en medio nuestro, no debe secarse, sino continuar fluyendo por todos los rincones de nuestra sociedad. La Cuaresma no solo se trata de hacer un camino en el desierto, sino que se camina para llegar hasta el manantial.
Pablo ha encontrado el sentido de su vida al descubrir al Señor, y llega a decirnos que considera todo una desventaja comparado con el conocimiento del Señor, que las cosas son desperdicio al lado del Señor. Para eso, ha debido caminar y mirar adelante, pensando en llegar hasta la meta ofrecida por Dios a través de Cristo Jesús. Sin sonar pretencioso, Pablo quiere decirnos lo importante que es aprender a poner las cosas en su justa medida y saber darles el espacio que corresponde: Dios en primer lugar, y luego el resto.
Si no conociéramos anticipadamente el texto leído hoy en el Evangelio, talvez nos sonaría demasiado fuerte y extremo; sin embargo, como lo conocemos, solo diremos que así es el Señor, casi sin fijarnos en la actitud de los escribas y fariseos que llevan ante Jesús a una mujer sorprendida en adulterio. Luego de recordarles Jesús que nadie está libre de pecado, viene la verdadera enseñanza del texto: “Yo tampoco te condeno, vete y no peques más en adelante”. El argumento del Señor para no condenar, es precisamente la capacidad de arrepentimiento necesario en quien ha cometido pecado; el hecho de mirar hacia delante, y al igual que Pablo, considerarlo todo desperdicio con tal de estar junto al Señor. Si bien la misericordia del Señor es inmensa (yo no te condeno), también esa misericordia exige de quien es perdonado actitudes claras que muestren su arrepentimiento (vete y no peques más en adelante). Por ahí fallamos hoy en nuestro camino. No pocas veces caemos en pecado, y pareciera que no queremos salir de él, y nos justificamos diciendo cuánto “me cuesta mucho”, o “es que ya soy así”. Incluso peores cosas, como acostumbrarnos a esa situación y verla como normal. El mal del pecado en la vida sin duda que nos aleja del rostro de Dios, y por ello en Cuaresma el Señor viene para darnos la oportunidad de una nueva vida.
Aprendizaje de la Palabra:
- Cuaresma, promesa de una nueva realidad: La cuaresma la hemos transitado por senderos de la conversión y la oración, las que unidas a la limosna y las acciones de misericordia, han dado un rostro mucho más divino, como debe ser, de las cosas. Hoy, al leer las lecturas descubrimos que el Señor muchas veces nos ha dejado transitar por caminos diversos, incluso alejados de su presencia (léase pecado), solo para invitarnos a vivir una nueva realidad. Hemos de esperar que al finalizar el tiempo cuaresmal, al igual que Pablo podamos considerar todo desperdicio si no estamos junto al Señor; que podamos descubrir que en el desierto cuaresmal se nos ha llevado hacia algo nuevo, que ha germinado: su propia gracia, su propia vida, así como Israel gozaba de esa promesa de agua en el desierto; que el Señor nos llama a una nueva realidad, como a la mujer adúltera, a cambiar de vida. La Cuaresma es una especie de subsidio que se nos ofreció, si la ocupamos bien, podremos sacar buenos provechos en nuestra vida.
- Cuaresma, lugar de la conversión y la misericordia: Un razgo cuaresmal, es la misericordia que necesitamos proclamarla a todas luces. Pero antes de proclamarla, claramente debemos experimentarla. El texto de la mujer adúltera, nos adentra en ese terreno. Nos podemos imaginar la terrible imagen de una mujer a punto de ser apedreada por haber sido descubierta en adulterio con un hombre… pero la respuesta de Jesús seguro caló hondo en su corazón. Durante la cuaresma fuimos invitados constantemente a esto mismo: Dios nos ofrecía su misericordia, a cambio de que cambiáramos nuestras actitudes de vida. Es el rol que hace la Iglesia hoy también como Madre que nos educa: nos llama constantemente a la conversión para experimentar la misericordia de Dios.

Pidamos al Señor estas gracias antes de entrar en la Semana Santa, sabiendo que la misericordia del Señor es infinita, y nos llena el corazón cuando nos abandonamos a sus manos. Amén.

sábado, marzo 17, 2007

Homilía

Un nuevo fin de semana para rezar con la Palabra de Dios.

4º domingo de Cuaresma
18.03.07

Lecturas
Jos. 4, 19; 5, 10 – 12
Sal. 33
2 Cor. 5, 17 – 21
Lc. 15, 1 – 3. 11 – 32

Al avanzar en el tiempo de Cuaresma, es bueno que hagamos un primer valance sobre lo que ya hemos vivido en este mes en la entrega de nuestro caminar cuaresmal. Las lecturas nos ofrecerán un escenario perfecto para la comprensión de esta nueva realidad.
La primera lectura, tomada del libro de Josué nos muestra parte de ese primer tiempo de Israel en la tierra que el Señor le había entregado. Hasta ese momento, en el desierto habían comido del maná; pero una vez estando en la tierra, la misma tierra produce un fruto. Han dejado atrás toda una historia en el desierto, y con ella, también Dios les ofrece la oportunidad de comenzar en su tierra a producir nuevos frutos para subsistir… una buena lectura espiritual del texto nos abre hacia el sentido del cambio en la vida, del pasar de una realidad a otra distinta, de seguir consecuencias en la vida. Dios en su misericordia siempre acompañó a Israel en su caminar, y eso lo percibimos también hoy en el breve texto leído. Ahí ya podemos hacer un primer balance respecto de esta Cuaresma.
La segunda carta de Pablo a los Corintios nos habla sobre la necesidad de dejarnos reconciliar con Dios por medio de Cristo, quien precisamente nos ha abierto la puerta de la reconciliación con Dios mediante su entrega; solo así seremos una criatura nueva en Cristo, dejando atrás lo antiguo. Al hablarnos de nueva criatura en Cristo Pablo piensa en un mundo distinto, en el que Cristo reine en el corazón y acciones humanas. Nada más preciso para el tiempo cuaresmal.
En el Evangelio, Lucas nos presenta uno de los textos más bellos en el que a través de una parábola se nos regala una clara enseñanza respecto de lo que Cristo viene a hacer… abrir sus brazos para acogernos a todos, especialmente a los que más necesitamos de esa misericordia; a mostrarnos un rostro de paternidad de parte de Dios que se hace inminente seguir en el trato con los demás. En la parábola, conocida como el hijo pródigo, el Señor quiere mostrarnos lo que el buen Padre Dios hace cada vez que nos alejamos de su lado, para irnos por la vida haciendo de ella lo que se nos antoja. Dios espera, todas las tardes a que ese hijo que se ha ido regrese… y cuando lo ve venir, se conmueve hasta las entrañas – signo muy de mamá - para darle la bienvenida nuevamente. De la parábola podemos sacar muchas enseñanzas, respecto a la actitud paternal – maternal del padre, del hijo que se ha ido y regresa arrepentido, del otro hijo que siempre estuvo en casa, pero que no comprende la actitud misericordiosa de su padre… y nosotros podemos estar en cualquiera de los tres personajes del relato, dependiendo de la óptica que tengamos. En cuaresma, esta parábola nos muestra la necesidad de dejarnos reconciliar con Dios tal como Pablo nos decía y sobre todo en el acercamiento a los demás con misericordia y arrepentimiento si hemos fallado con los hermanos alrededor.




Aprendizaje de la Palabra:
- Cuaresma, camino junto al Señor para producir frutos: Les proponía al iniciar esta homilía la posibilidad de revisar nuestras vidas durante este tiempo de Cuaresma para ver cómo la he llevado, cómo he sentido el caminar junto al Señor antes de llegar a su Pasión, muerte y Resurrección. A la luz de la primera lectura, podemos ver que Dios conduce a un pueblo hasta una tierra en donde ellos deben comenzar a alimentarse luego de que el Señor lo hiciera por el largo desierto. Hoy, al llegar a la 4ª semana de Cuaresma, también queremos revisar si los frutos sembrados han empezado a producir algo… ¿Qué cosas me propuse al partir la Cuaresma? Si aún no lo he hecho, todavía estoy a tiempo para enmendar esa parte, si lo he hecho, es bueno mirar cómo van creciendo esos frutos.
- Cuaresma, tiempo de reconciliación con Dios: San Pablo nos invita a dejarnos reconciliar con el Señor, a semejanza de lo que Cristo ha hecho con nosotros. En la Cuaresma, bien lo sabemos es el tiempo para ello. Confesarnos es una buena opción, pero también hacer gestos de reconciliación con el Señor a través de obras de misericordia, haciendo más oración, caminando más cerca suyo. La cuaresma es solo un medio para ello, el trabajo de nuestra parte es el resto.
- Cuaresma, tiempo de misericordia y arrepentimiento: Estas dos notas distintivas que las tomamos de la parábola leída, son muy propias de un corazón convertido. A la luz de la lectura evangélica, ¿qué cosa más clara hay que la misericordia de Dios? Solo quien se ha sentido perdonado por Dios puede comprender el profundo sentido de la misericordia del Señor. Hoy, tenemos que aprender a ofrecer misericordia, a arrepentirnos por lo mal que hayamos actuado, y sobre todo aprender a ofrecer eso para los demás. La Cuaresma habrá sido provechosa en nuestra vida, si aprendemos a actuar como el padre de la parábola.

Pidamos al Señor la gracia de aprender a vivir como verdaderos hijos suyos, que buscamos una nueva tierra en donde vivir bajo su amor y misericordia. Que el Señor nos muestre el camino y nos abra el corazón para este cometido. Amén.

sábado, marzo 03, 2007

Segundo Domingo de Cuaresma

2º Domingo de Cuaresma
04.03.07

Lecturas
Gn. 15, 5 – 12. 17 – 18
Sal. 26
Flp. 3, 17 – 4, 1
Lc. 9, 28b – 36

Ya la semana pasada, al iniciar la Cuaresma, hablábamos de la necesidad de revisar la historia, de fortalecer la fe y reconocer nuestras tentaciones. Hoy, las lecturas nos hablarán de Alianza, de aspirar a la perfección y nos llevarán a contemplar la realidad del Señor glorioso que nos invita a nosotros a lo mismo. En cada semana de la Cuaresma aprendemos a construir nuestro camino junto al Señor que se encamina a su Oblación por nosotros.
En la primera lectura, tomada del libro del Génesis, se nos muestra un pacto que el Señor ha hecho con Abrám, hablándole sobre su descendencia. El pacto o alianza, es para comenzar a construir una historia que jamás se ha interrumpido, la Historia de la Salvación. Al hablar de Alianza, estamos diciendo la relación en la cual dos partes se comprometen en determinados términos a cumplir un acuerdo que beneficie a ambas partes. Sin embargo, al hablar de Alianza en la Biblia, el beneficiado es el hombre, porque Dios al acercarse al hombre, solo busca ser amigo. En el caso de Abrám, esta Alanza le asegura una descendencia incontable, y así abre su corazón a la amistad que Dios le promete. Entonces, en este texto la Alianza aparece asociada a la idea de la vida, de la fe, y en la Cuaresma, hacia allá nos movemos también.
Cuando Pablo escribía a la comunidad de Filipos, lo hace con todo el corazón, quebrado porque hay algunos que no toman en serio el caminar junto al Señor Jesús. Les habla de una realidad que talvez no tomaban en cuenta: el ser ciudadanos del cielo, y por ello, herederos de la gloria que el mismo Jesús vive. En el tiempo de Cuaresma, se nos invita a todos a aprender a mirar las cosas del cielo, tener una mirada mucho más celestial de las cosas que hacemos, y esforzarnos por cambiar aquellas cosas demasiado terrenales.
El Evangelio de Lucas nos acerca a un Jesús rodeado de gloria, prefigurando su Gloria definitiva, pero nos muestra con los discípulos la necesidad de vivir el día a día, sin dejar de hacer las cosas que debemos hacer para alcanzar también esa gloria. Las palabras del Padre que se escuchan en el texto, nos sirven para recordar lo que debemos hacer día a día… ¿Qué sentido tiene la transfiguración del Señor ante sus discípulos? Darles aliento para continuar en su discipulado. En la Cuaresma, siempre leemos este texto para mostrarnos también lo que viene en la vida de cada discípulo del Señor.

Aprendizaje y vivencia de la Palabra.
- En la Cuaresma, miramos nuestra Alianza con Dios: El tema de la Alianza es un eje que atraviesa toda la vida del hombre en la Biblia; de hecho, la Biblia tiene su razón de ser por la Alianza que Dios hizo primero con Abrahám, y luego a través de los profetas, hasta llegar a sellarla definitivamente a Jesús. En la Cuaresma, revisamos una vez más la Alianza, que Dios no ha roto, pero que muchas veces, como leemos en la Biblia, hemos roto los hombres. Una nota muy particular de la Alianza entre Dios y el hombre, es que ésta no se cortará jamás, aunque la olvidemos, Dios nunca lo hará. Por eso, en este tiempo la invitación es a preguntarnos, ¿qué he hecho yo con esa Alianza?, ¿la vivo realmente?, ¿la conozco?, ¿la reviso constantemente?. La carta de Pablo nos da un tirón de orejas para que revisemos nuestra vida y actitudes.
- En la cuaresma, somos Ciudadanos del cielo, pero con una misión muy definida en la tierra: La verdad, es que no solo en la Cuaresma somos ciudadanos del cielo, sino que siempre, pues lo llevamos inscrito en nuestra alma, pero de un modo particular lo revitalizamos en estas semanas. Ahora, para alcanzar esa ciudadanía, tenemos que vivir primero en la tierra, con los pies bien puestos en ella. Al contemplar al Maestro, los discípulos en la Transfiguración no alcanzan a dimensionar lo que eso significa, por ello las palabras del Padre nos aterrizan para cumplir la voluntad del Señor. ¿cómo enfrentamos estas Palabras hoy?
Pidamos al Señor en esta semana el poder conocer profundamente sus Palabras, el aprender a revitalizar la Alianza que cada uno en el corazón hace con Dios, el ser mejores cada día. Amén

sábado, febrero 24, 2007

Homilía

1º Domingo de Cuaresma
25.02.07

Lecturas
Dt. 26, 4 – 10
Rom. 10, 8 – 13
Lc. 4, 1 – 13

Ya hemos iniciado el tiempo de Cuaresma, tiempo que iniciamos con el Miércoles de Cenizas, tiempo en el que se nos ofrece la oportunidad de acompañar a Cristo que se muestra disponible a cumplir la voluntad del Padre frente al plan de salvación. En este tiempo, aprenderemos a acercarnos al Señor a través de la oración, de la limosna, del ayuno, que ofrecemos con alegría y sencillez.
En las lecturas, tenemos mucho material para avanzar por esta línea. Miremos un poco en ellas para recoger lecciones de ellas.
La primera lectura, tomada del libro del Deuteronomio, nos hace llegar hasta un “Credo israelita” en donde cada hombre de fe, hace un recorrido por la historia que ha vivido, y que le ha hecho llegar hasta el templo para agradecer a su Señor por los dones concedidos. Los judíos, tenían como un punto de apoyo importante el mirar su historia para postrarse frente al Señor, y rehacerla nuevamente. Hoy, al inicio de la Cuaresma, se nos quiere llevar con esta lectura a que cada uno pueda revisar su historia junto al Señor, para que, al igual que aquellos que llegaban al Templo a agradecer, podamos dar gracias, corregir nuestra vida frente al Señor.
La segunda lectura, tomada de la carta de Pablo a los Romanos, se nos habla sobre la confianza que debe poner el hombre de fe en el Señor, de entregarle el corazón, y de llevar a la Vida esa creencia. Ya con creer, dice la lectura, la salvación está a la puerta, y es en el corazón del hombre en donde comienza a forjarse ese camino; así, al proclamarla con la vida, no se queda defraudado jamás. La lectura parece llevarnos al tema de la perseverancia en esa creencia, que termina transformando la existencia.
El Evangelio de Lucas nos habla sobre las tentaciones de Jesús, que al comenzar su vida pública, debió vencer para redimirnos y mostrarnos el Reino de su Padre. Las tentaciones van de la mano de poner en juego lo que Cristo viene a realizar, y, asociadas al poder, hacen caminar (aparentemente) vacilante al Señor. El tiempo de Cuaresma, lo iniciamos con este texto para comprender el sentido profundo de nuestras tentaciones, que también nos pueden hacer vacilar al caminar. La Cuaresma nos hace ver en cada uno, reconocernos y junto al Señor se nos invita a vencer las tentaciones que tenemos.

Aprendizaje de la Palabra:

- En la Cuaresma, revisamos la Vida: Cada Cuaresma es el tiempo preciso para aprender y revisar la historia personal; en otros términos, hablamos de conversión y cambio de vida. Al leer, y revisar la primera lectura, tenemos acceso a lo que llamamos “memoria colectiva” de Israel, en donde ellos reconocen lo que Dios ha hecho por ellos. La Cuaresma nos invita hoy también a revisar nuestra historia, mi historia junto a Dios, y aprender a sacar conclusiones positivas que nos hagan mejores. Sin duda, encontrarás en ella cosas muy bellas y gratos recuerdos, otras serán más dolorosas y fuertes: Tu historia junto a Dios, esa es la primera propuesta.
- Descubre tu vida de fe: Los que tenemos la posibilidad de creer, no lo hemos hecho solo porque alguien nos inculcó la fe, sino que porque además, nos hemos encargado de alimentar esa fe en Dios. Todos nosotros conocemos gente que, teniendo fe, la han descuidado, y hasta la han perdido. Es importante dejarse formar por Dios en esta Cuaresma, descubrir la experiencia de la fe, y fortalecerla. La fe nos ayuda entender no solo al Señor, sino también nuestra historia y vivencia.
- Descubre tu vida de tentación: En nuestra realidad, el pecado y la tentación nunca dejan de estar presentes. Dios los permite para que de ellos saquemos algún provecho, algún beneficio. No lo hace para humillarnos, sino para hacernos crecer. Vencer la tentación con mis solas fuerzas, es una utopía, y más aún sin estar en comunicación con Dios. En este tiempo de reconciliación que Dios nos ofrece con la Cuaresma, es necesario descubrir nuestra realidad, reconocer nuestras tentaciones, y con la oración como arma principal, vencerla, no sucumbir ante ella. No desanimarse si caemos, porque desanimarse es darle el favor al demonio que aún ahí puede seguirnos tentando y hacernos creer que Dios no se preocupa por nosotros. Cristo vence a la tentación, y con ello nos abre la puerta a la misma posibilidad, siempre que queramos hacerlo.

Cuaresma, tiempo de encuentro con nosotros mismos, con nuestra historia y vida, tiempo de conocimiento y reconocimiento de mis realidades, sin duda un tiempo, de conversión. Animo. Amén.

lunes, febrero 19, 2007

Cuaresma

Estamos iniciando ya el tiempo de Cuaresma, y cada Cuaresma es la oportunidad para mejorar en nuestras vidas. Lo iniciamos con la imposición de las cenizas, como símbolo de hacer penitencia en el camino hacia la perfección.
Durante este tiempo se nos proponen 3 cosas muy concretas a trabajar y mejorar: la limosna, la oración y el ayuno. Cada una de ellas, acompañadas por otras obras que podemos ir realizando, nos enseñarán un sentido más claro y espiritual de este tiempo.
Habitualmente la Cuaresma la asociamos con un período un tanto triste, y cabizbajo. Yo creo que no necesariamente tiene que ser así; es más, los textos evangélicos cuando nos proponen estas acciones, lo hacen siempre marcando el tema de la entrega alegre, para no andar como los hipócritas pregonando lo que hacemos.
De a poco en este blog iremos subiendo material y reflexiones que nos ayudarán a vivir cristianamente la Cuaresma.

sábado, febrero 17, 2007

Homilía

7º Domingo del tiempo ordinario
18.02.07

Lecturas
1 Sam. 26, 2. 7 – 9. 12 – 13. 22 – 23
1Cor. 15, 45 – 49
Lc. 6, 27 – 38

Este es el último domingo del tiempo ordinario antes de empezar la Cuaresma, durante este miércoles con la imposición de las cenizas. Y parece que este domingo quiere llevarnos a hablar y aplicar misericordia en las relaciones hacia los demás. ¿Quién alcanza misericordia? El que la ofrece a quienes le rodean, especialmente a aquellos que siente más lejanos. Miremos las lecturas.
La primera lectura, tomada del primer libro de Samuel, nos narra parte de la relación que David (futuro rey de Israel) tenía con Saúl, el Ungido del Señor (Actual rey). La historia de ambos reyes está marcada por el ascenso de uno (David) y la declive del otro (Saúl) desde el trono. Los autores, por algún motivo se encargan de marcar muy bien esta situación, exaltando la bondad de David que se prepara para ascender como rey de Israel. Así, ambos se han enfrentado, pero David ha aparecido más sensato y sabio, tal como lo vemos hoy en el texto, en que tuvo la oportunidad de vengarse de su “enemigo” que lo ha perseguido, pero prefiere mostrarse misericordioso y compasivo: actitud clara de un rey, y sin duda prefigura del Ungido por excelencia, Jesucristo.
Refiriéndose al tema de la Resurrección, Pablo le escribe a la comunidad de Corinto y les habla sobre la vida de los resucitados, haciendo un paralelo entre lo terrenal y lo espiritual. Se toma de la figura de Adán (hombre terrenal) y Jesucristo, nuevo Adán (hombre espiritual) para decir que llevamos la imagen de ambos en nuestro ser. Esa explicación que Pablo hace de nuestro ser, es lo que descubrimos a diario cada uno de nosotros, cuando luchamos por ser mejores y dejar atrás ese hombre terrenal, para que aparezca y crezca el espiritual.
El Evangelio de Lucas nos ofrece este fin de semana parte del discurso que Jesús enseña a quienes estaban escuchando el discurso de la montaña, inmediatamente después de las Bienaventuranzas; por lo tanto, el texto quiere enseñarnos las coordenadas que el cristiano debe seguir para moverse en la construcción del Reino que Jesús viene a instaurar. El texto en específico nos habla sobre el amor a los enemigos, cosa no siempre fácil. Muchas veces los textos evangélicos radicalizan la enseñanza ofrecida para llevar al extremo lo que quieren recalcar, y éste texto no es la excepción a esa regla. El texto, además, nos ofrece una verdadera colección de frases de corte sapiencial inmensamente profundas y claras: “Amen a sus enemigos, hagan el bien a quienes los persiguen… traten a los demás como quieren que los traten a ustedes… hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio… sean misericordiosos como su Padre es misericordioso…” Para alcanzar la comprensión plena de estas palabras, necesitamos romper las barreras que naturalmente ponemos en nuestro mundo, como causa del pecado muchas veces; y por eso este discurso se centra en el tema del amor activo, no de palabra, sino sobre todo, de obra.

Aprendizaje de la Palabra:
- Vivir y practicar la misericordia: La misericordia es la expresión más profunda del amor que Dios nos tiene a cada uno de nosotros. La misericordia, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, es la “Virtud que inclina el ánimo a compadecerse de los trabajos y miserias ajenos”… eso es lo que Dios hace cada vez que nos reconocemos pecadores, y pedimos perdón en el Sacramento de la Reconciliación; y esa es la medida que nos propone vivir hoy el Evangelio, es lo que David hizo con Saúl, de quien pudo tomar venganza en sus propias manos la noche en que llegó hasta el campamento, a la orilla de su cama. ¿Quién es el que ofrece misericordia? Solamente aquel que ha sido objeto de ella… quien se ha sentido perdonado, amado, querido, respetado, valorado, esa es la persona que puede ofrecer un trato misericordioso y justo.
- Vivir y practicar la justicia: La justicia es una de las virtudes más claras en Dios Padre, que actúa tal como nos dice el texto del Evangelio hoy: Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes… La justicia de Dios se refiere al hecho de que el Señor actúa en plena equidad con lo que su Palabra ha dicho, no hay dos interpretaciones de ella, y hoy podemos leer expresamente. ¿Quién es el justo? El que actúa sin mirar su propio interés, sino buscando hacer la voluntad del Señor. En la Biblia, el concepto de justicia, es mucho más rico en todo caso que nuestra concepción occidental: es más pro-activa.
- Norte, el Amor: Quienes aman tal cual como lo dice el Evangelio, son los que pueden lograr encontrar sentido en sus vidas. Pero, qué difícil se nos hace practicar así de radicalmente las cosas, especialmente en el trato con los otros; nosotros aprendemos a amar cuando vemos que alguien lo hace, por lo tanto, el ejemplo acá arrastrará.

Listo, pidamos al Señor poder aprender profundamente estas enseñanzas, y hacerlas vida siempre. Amén.

sábado, febrero 03, 2007

Homilía

Ya se que hace mucho que no escribía en este blog.... he vuelto. Bendiciones a todos.
5º Domingo del tiempo ordinario
04.02.07

Lecturas
Is. 6, 1 – 2 a. 3 – 8
Sal. 137
1 Cor. 15, 1 – 11
Lc. 5, 1 – 11


Cada fin de semana al enfrentarnos a la Palabra de Dios tenemos la posibilidad de acercar nuestra vida a lo que el Señor nos muestra a través de las lecturas; y sin duda al leer este fin de semana las lecturas, podemos tener un parámetro que nos hace aterrizar en la realidad en que estamos (el pecado), pero no podemos tampoco quedarnos con un sentir pesimista, sino recoger nuestra vida, y dejarnos limpiar y purificar por el Señor para descubrir lo que Dios quiere de nosotros (vocación).
La primera lectura tomada del profeta Isaías, nos habla sobre la vocación de este hombre que descubre en la realidad en la que vive el llamado de Dios. El texto, una visión al parecer en un ambiente de liturgia y santuario (el humo del incienso, los cantos), nos muestra cómo Dios le purifica de sus pecados (acción de tocar), que el profeta reconoce al enfrentarse a Dios y queda capacitado para recibir la misión para la cual el Señor le ha preparado: enviarle a los hermanos. El esquema nos deja ver la actitud de disposición y conversión del profeta de Dios.
San Pablo en la primera carta a los Corintios, nos narra también parte de esa vocación de apóstol que recibió, del testimonio que ha recibido y que invita a la comunidad a transmitir y vivir fielmente, sin cambiar nada. Se reconoce también pecador – la frase “soy fruto un aborto”- nos refleja como se siente con ese don inmerecido de ser escogido para predicar al Señor. La fe, es la clave en este punto, y es a lo que finalmente les invita, a creer.
El Evangelio de Lucas, que nos acompañará durante este año litúrgico, nos muestra una escena en la que el Señor está rodeado de gente escuchándole hablar sobre Dios, mientras algunos pescadores están a la orilla del lago trabajando, y escuchando también al Señor. Jesús le pide a Pedro la barca para hacer de mejor manera su predicación, y al finalizar, le ordena ir a pescar nuevamente. Pedro, conocedor del oficio, le replica que ya lo han hecho toda la noche, y nada, pero que en su nombre lo harán nuevamente… y ocurre lo impensado… las redes llenas. Pedro entonces reconoce el poderío de la Palabra de Jesús, se abandona a ellas y reconoce su pecado, atemorizado por lo vivido. El Señor calma su angustia, y llama a todos los que estaban en la barca a seguirle.

Aprendizaje de la Palabra:
- Huellas de llamado: Un parámetro importante este fin de semana en las lecturas que hemos escuchado es el tema de la vocación a la cual el Señor nos invita a cada uno. ¿A quien enviará? ¿Qué le responderemos? Y que se note que las preguntas, no apuntan al sentido clásico que entendemos solo para los consagrados o consagradas, sino al hecho de ser fieles en lo que hacemos a diario, en nuestro trabajo, como el de los pescadores que estaban con Pedro. Ser fiel a ese llamado, será la clave de la felicidad también en nuestra vida, porque al aceptar ese llamado, al descubrir lo que Dios quiere de nosotros, encontraremos la felicidad en esta vida.
- Reconocimiento del pecado, abandono en Dios y cambio: Es el otro parámetro que aparece en las tres lecturas de esta semana… el pecado, el dejarse limpiar por Dios y la nueva vida. Es el proceso cristiano al que todos estamos invitados a seguir. No siempre es fácil, pero la respuesta a esa invitación dependerá de lo que cada uno pueda abandonarse a ese caminar: Dios invita, el hombre responde.

Demos gracias al Señor por lo que hace por cada uno, por invitarnos a seguirle, por limpiar nuestra vida, por hablarnos en nuestro lenguaje. Amén.

sábado, diciembre 16, 2006

¡Aclamemos al Señor con alegría!

Con esta antífona del Salmo, les dejo la homilía de este fin de semana. Cuidense, y preparen convenientemente la Navidad. No he actualizado este blog porque he estado con mucha pega...

Tercer domingo de Adviento
17.12.06

Lecturas
Sof. 3, 14 – 18 a.
Flp. 4, 4 – 7
Lc. 3, 10 – 18

Todo tiempo de Adviento es especial, pero se hace más evidente eso cuando esperamos con cariño el Nacimiento del Salvador. Y este Adviento, las lecturas continúan preparando nuestro corazón y vida para ese nacimiento. Hoy la liturgia nos invita a estar alegres en el Señor, porque éste, está cerca.
El profeta Sofonías nos habla de la esperanza y la alegría por el hecho de que el Señor habita en medio del pueblo: motivo de regocijo y causa de alegría para quienes han permanecido fieles esperando a su Señor, un pueblo pequeño y humilde, un “resto” fiel a las promesas del Señor. La lectura describe tanta alegría y gozo, que parece un texto de restauración final, como la que esperamos al fin de la historia. En la espera del nacimiento del Señor, también nos preparamos para ese acontecimiento, al final de la historia, y ciertamente debemos estar jubilosos y preparados.
Las recomendaciones de Pablo a la comunidad de Filipos, no hacen más que confirmar que debemos estar alegres, e insiste en esa idea. Junto con invitarles a estar alegres, les recomienda ser bondadosos, para que el testimonio de esa bondad sea la carta de presentación ante la comunidad que les observa; dejar de lado la angustia y permanecer firmes en la oración para alcanzar la paz de Dios en el corazón… elemento tan poco común en el mundo de hoy. Son recomendaciones para aprender a vivir en el mundo en que nos movemos, y venidas de San Pablo, ciertamente suenan muy bien.
El Evangelio de Lucas nos habla de parte de la vida de Juan Bautista, que anuncia fuertemente la conversión a quienes se acercaban a recibir su bautismo, como signo de preparación para la venida del Mesías. A quienes buscaban esa conversión, Juan les hablaba de un cambio de vida, tal como lo leemos hoy en el texto bíblico. En el Adviento, un modo concreto de preparar esa venida del Mesías hecho hombre, es cambiar en las actitudes que podemos tener malas.

Aprendizaje de la Palabra:
- Adviento, tiempo de la alegre espera: Al celebrar cada año el tiempo de la Venida del Señor, descubrimos un nuevo motivo de alegría; en el Adviento, cada hombre y mujer encuentra motivos “para seguir esperando” y alegrándose porque el Señor ya llega. La alegría, elemento tan difícil de encontrar en el mundo actual, se nos ofrece en esta Navidad de manos de un Niño Dios que vendrá para que tengamos motivos ciertos para estar alegres. Ese sello tan propio del cristianismo, es un buen regalo que podemos ofrecer, especialmente a quienes están tristes por la vida.
- Adviento, tiempo de testimoniar mi fe: También el tiempo de Adviento apunta a la idea de mostrar con testimonio de vida el seguimiento del Señor. No nos sirve decir que somos cristianos sin un testimonio real. Por ello, al igual que los que se acercaban a preguntar a Juan Bautista en el Evangelio sobre lo que debían hacer, nosotros esta Navidad también tenemos que hacernos esa pregunta para mostrar al mundo que Cristo vive.

Que tengas una buena semana. Bendiciones.