viernes, julio 25, 2008

17º Domingo del tiempo ordinario

27.07.08

Lecturas

1 Rey. 3, 5. 7 – 12

Sal. 116

Rom. 8, 28 – 30

Mt. 13, 44 – 52

Dios dispone todo lo necesario para aquellos que le aman, más aún para quienes se muestran humildes y sencillos con Él, como el Rey Salomón que solo le pide prudencia y sabiduría para reinar. Es en las grandes cosas en donde aparecen los verdaderos hombres y mujeres de fe, que son capaces de vender todo lo que tienen para poseer este Gran Don que es el Reino. En este contexto leeremos las lecturas de este fin de semana propuestas por la liturgia de la Palabra.

La primera lectura tomada del primer libro de los Reyes nos narra el encuentro de Dios con Salomón, quien ha heredado de su padre David el reinado de Israel, antes de que fuera dividido. En este encuentro, Dios le ofrece pedir lo que quiera… y el rey le pide “un corazón compasivo para juzgar el pueblo, para discernir entre el bien y el mal”. Dios, que cumple su promesa de dar lo que quiera, cumple este deseo de Salomón transformándolo en el hombre sabio, fama que la historia le ha dado. No hay duda que el Señor mira bien de este deseo del rey, y como no, especialmente por el cargo que desempeña en medio del pueblo. En la época de Salomón, los reyes son designaciones de Dios, y por lo mismo, son extensiones de su amor y paternidad para con el pueblo. Un gran compromiso de quienes eran elegidos y ungidos reyes, que no siempre se cumplió como debía ser.

La carta de Pablo a los Romanos, nos recuerda que el actuar de Dios siempre es a favor de quienes le aman, Dios ha hecho que el mundo siga avanzando, y ha fortalecido de modo especial a sus predilectos amados hijos. En Cristo, su Hijo Primogénito nos ha llamado, nos ha salvado, santificado y glorificado. ¿Habrá don más grande para los que tienen fe que responder a este llamado? Solo desde ésta óptica podemos entender las cosas que ocurren en nuestro alrededor y que nos afectan. ¿Qué es lo que Dios quiere? Nos preguntamos muchas veces… Pablo nos dice hoy: la disposición de todas las cosas, Dios las ha hecho para nuestro bien.

El Evangelio de Mateo, continúa por tercera semana consecutiva en el capítulo 13, que habla sobre las parábolas del Reino. Ese es el mensaje del texto de las semanas anteriores, y hoy no será la excepción. El Reino aparece en el texto proclamado como un tesoro escondido en el campo, que un hombre al descubrirlo, vende lo que tiene para comprar ese campo; o como un hombre que negocia perlas finas, que al encontrar una de gran valor, vende todo lo que tiene para comprarla; o a una red que recoge toda clase de peces en el mar… las comparaciones hablan por si mismas: en las dos primeras, el Reino representados por un tesoro o una perla, superan cualquier otro bien que los hombres poseían anteriormente. Así, el Reino es presentado como el Bien Supremo a conseguir, desasiéndose de los otros bienes poseídos. En la última, el Reino es presentado como una gran red, que atrapa todo tipo de peces: es parecido como el trigo y la cizaña (que se deja hasta el final, y solo en la ciega es apartado el trigo de la maleza), que solo es separada los peces buenos de los malos al ser revisada por los pescadores al final de la faena. Termina con otra comparación sobre el Reino: Se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo…

Aprendizaje de la Palabra:

- El Reino de los cielos es para los humildes: Estoy inventando un texto que no aparece así dicho en las lecturas de hoy, pero que podemos deducir con claridad, aunque Jesús ya las había dicho en las Bienaventuranzas. La humildad hace cercano el Reino en nuestra vida. Y con mayor razón cuando nos abandonamos a su Voluntad, sabiendo que Dios dispone todas las cosas para nuestro bien (2ª lectura). La humildad para descubrir que hemos encontrado otro tesoro mucho más grande que el que creemos tener, aunque esta vez, ya no movidos por la ambición de tener, sino de querer despojarnos de aquello que se nos ha concedido tener, como el poder del que gozaba Salomón (1ª lectura). El Reino, es solo para los que se atreven a ser valientes delante de Dios.

- El Reino es el cumplimiento de nuestros sueños de vida nueva: Pablo nos dice que todas las cosas que nos pasan, son para asemejarnos al Hijo Unigénito; allí hay salvación, hay comprensión de la realidad y sobre todo, vida renovada. Vender todo para comprar ese Don, implicará dejar atrás muchas cosas, e iniciar una nueva vida, que nos obligará a ser prudentes y mesurados, justos y sabios (1ª lectura), aprender a sacar cosas nuevas y viejas de nosotros mismos. Vivir renovados de verdad.

- El Reino es un tesoro: Esto es lo que debemos entender hoy. El Reino es un tesoro, un Don puesto en nuestras manos para cuidarlo y poseerlo. A modo de mal entendido, muchos en la época de Jesús esperaban que la manifestación del Reino que Cristo anunciaba, se manifestara hasta con violencia frente a los enemigos de Israel… pero no… ya la semana pasaba hablábamos que una categoría importante del Reino, es la paciencia con que se manifiesta; hoy extendemos esa paciencia, al hecho de que el Reino necesita ser buscado y revelado en todos los ámbitos en que nos movemos para que se desarrolle. El Reino, es manifestación de algo que está latente, pero que aún no es evidente para todos…

Pidamos este fin de semana, ser sabios y prudentes en la búsqueda del bien, en la generosidad para extender el Reino, sabiendo que en Jesús hemos sido salvados. Amén.

sábado, julio 12, 2008

Palabra de Dios y sus frutos

15º Domingo del tiempo ordinario

13.07.08

Lecturas

Is. 55, 10 – 11

Sal. 64

Rom. 8, 18 – 23

Mt. 13, 1 – 23

Estamos viviendo el 15º domingo del tiempo ordinario, y las lecturas de este fin de semana, sin duda quieren llevarnos a pensar en la importancia de la Palabra. En ellas hoy se nos muestra que ella es como una semilla, que brota cuando cae en buen terreno, o la lluvia, que no vuelve al cielo sin antes haber fecundado la tierra para dar fruto. El sufrimiento del que Pablo nos habla, también aportan a que esta Palabra crezca como debe ser.

La imagen agrícola de la lectura del profeta Isaías nos ayuda para entender la dinámica de la Palabra de Dios que no vuelve a Él vacía, sino que es capaz de fecundar la tierra, la empapa y la hace germinar para dar semilla al sembrador… es bella y muy clara la imagen, porque el texto no pretende sino demostrarnos que sin ella, el hombre nada puede hacer, y se seca su vida y semilla. Ya para los profetas, el predicar la Palabra de Dios se les hacía difícil porque no encontraban buena tierra para que germinara la semilla, aunque ellos derramaban el agua de Dios… Por ello, hoy el llamado es a no perder esa agua que Dios derrama, que hará germinar la semilla tarde o temprano en el campo de Dios.

Pablo en la carta a los Romanos les hace hincapié en el sentido y valor del sufrimiento, que está en el mundo producto del pecado y vanidad del hombre que lo ha introducido. Pero falta aún que sea purificado para que se complete todo el mundo del pecado.

El Evangelio de Mateo nos ofrece un capítulo 13 nos habla sobre parábolas y los frutos que deben producir las parábolas (palabras) que Él enseña. Hoy, leemos la del sembrador, que sale a esparcir semillas y éstas caen en distintos lugares (borde del camino, entre piedras, espinas y tierra). Dependiendo de los lugares en donde la semilla ha caído, será la suerte de esa semilla. La enseñanza de la Parábola es clara, Jesús mismo la explica, y solo queda agregar a esto que necesitamos ser buena tierra, para que demos frutos duraderos, como debe ser.

Aprendizaje de la Palabra:

- Dios nos da su Palabra eficaz: Sabemos que la Palabra de Dios es viva y eficaz, y que tiene poder por si misma… de eso se encarga hoy de enseñarnos la primera lectura; pero necesitamos tomar esa conciencia para que su eficacia brille en todo su esplendor. No podemos dejar que la Palabra pierda su eficacia por nuestra ineptitud frente a ella. No matemos ni ahoguemos la Palabra de Dios.

- ¿Qué superficie soy para recibir la semilla?: La pregunta brota sola al leer y escuchar la parábola. ¿cómo recepciono yo la Palabra?, ¿En qué lugar de mi vida cae al ser derramada en la Eucaristía?, ¿Qué ocurre con ella? El tema da para largo. No dejemos de dar una respuesta clara.

Bien, pidamos a Dios poder ser buena tierra, para que su Palabra nos haga producir frutos de vida eterna. Amén.

sábado, mayo 17, 2008

Santísima Trinidad

La Santísima Trinidad
18.05.08

Lecturas
Ex. 34, 4 – 6. 8 – 9
Dn. 3, 52 – 56
2 Cor. 13, 11 – 13
Jn. 3, 16 – 18

Este fin de semana, celebramos la Solemnidad de la Santísima Trinidad, celebramos más que nunca la vida de Dios en cada ser humano, especialmente en aquellos que formamos su pueblo, que hemos aceptado caminar junto al Señor en el camino del mundo. Hablar de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, siempre será una aventura en la que con cuidado debemos adentrarnos para describir – jamás definir con exactitud – a Dios que se nos ha querido revelar y compartir su amor con nosotros.
En el libro del Exodo, la primera lectura de hoy, vemos a Moisés en el monte, junto a Dios que pasa ante su mirada mostrándose misericordioso, compasivo, lleno de amor y fidelidad para con él. Moisés cae de rodillas e implora al Señor su amistad, que camine en medio del pueblo, a pesar de ser obstinados; que les perdone sus pecados y que les haga parte de su herencia. El texto refleja una cercanía muy paternal de parte de Dios y la humildad de un hombre que implora la amistad y la misericordia de un Dios que se revela para ser conocido. Cuando hablamos de Dios, tenemos que pensar precisamente en esta imagen que hoy nos muestra esta lectura, que nos llama a entrar en comunión con Él.
La carta de Pablo a los Corintios nos alienta hoy a alcanzar la perfección y animarse a que vivan en paz y armonía. Además, utiliza uno de los saludos que hemos adoptado en nuestras celebraciones Eucarísticas para saludarnos: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo permanezcan con todos ustedes”. Si nos fijamos bien, este saludo de Pablo, nos ayuda a descubrir la misión que le atribuimos a cada una de las personas de la Santísima Trinidad: Jesús nos da la gracia de la salvación, la gracia de la fe; Dios Padre nos regala el Amor, como un don que debemos potenciar y cuidar entre nosotros en la comunidad; el Espíritu Santo nos anima a vivir en la comunión, creando un lazo invisible que nos une para tenernos unidos en la Iglesia. En la vida de Dios, ciertamente lo que podemos hacer es describirlo de acuerdo a nuestras categorías, no conocerlo plenamente, al menos en esta vida, no agotaremos su misterio; por ello, Pablo al describirnos brevemente en modo de bendición algo de lo que Dios hace, nos arroja tremendas luces para acercarnos a Dios de modo más certero.
El Evangelio de San Juan se encarga de recordarnos el amor que tiene Dios por nosotros, al enviarnos a su Hijo para que los que crean en Él, tengan vida eterna. ¿habrá misterio de amor más grande que ese? Pudiendo salvarnos de tantos otros modos, escoge la forma más humana para acercarse al hombre: hacerse hombre plenamente para revelarnos la gracia que el Padre quería comunicarnos: su vida y la salvación eterna.
Frente a todo el misterio de Dios, con lo dicho, ya podemos sacar algunas conclusiones.
- Dios es comunión: Si, Dios es comunión, y se quiere comunicar con el hombre, su creación más amada. Desde siempre, Dios buscó al hombre para hablarle y mostrarle su vida Divina, para enseñarnos que la unión en un solo pueblo es su querer, que “necesita” que aprendamos a comunicarnos con Él.
- Dios es misericordia: Si hay un calificativo para hablar de Dios, sin duda la misericordia es una de las primeras que se nos viene a la mente. En las lecturas hoy lo palpamos: cuando Moisés se le acerca, Él se le revela como misericordioso; al mandar a su Hijo, nos enseña la tremenda misericordia que tiene con nosotros.
- Dios es amor: No lo dice hoy en las lecturas, pero no hace falta pensar mucho para descubrir cuánto nos ama Dios a todos… su entrega por cada uno, lo refleja. Amar es una consecuencia de conocer a Dios, y en ello ponemos empeño.

Fíjense que las tres cosas dichas acá, las sabemos, y solo las hemos deducido de las lecturas. Nuestra misión es vivir la comunión, tener misericordia con la miseria ajena, y amar como Dios manda. Bendiciones.

sábado, abril 26, 2008

Anunciemos la Verdad...

6º Domingo de Pascua
27.04.08

Lecturas
Hch. 8, 5 – 8. 14 – 17
1 Pe. 3, 15 – 18
Jn. 14, 15 – 21


Nos acercamos al final del tiempo Pascual, y las lecturas nos hablan ya de la promesa del Espíritu, que vendrá pronto. Hemos recorrido este tiempo descubriendo el libro de los Hechos de los Apóstoles, que nos ha mostrado ya parte de la acción del Espíritu en las primeras comunidades, además de aprender y caminar junto al Señor Resucitado.
Hoy, el libro de los Hechos, nos narra las maravillas de uno de los discípulos, de Felipe, quien en Samaría proclama las grandezas del Señor, que se ven acompañadas por signos. Luego, son enviados por los Apóstoles Pedro y Juan, quienes les hablan del Espíritu, e imponiéndoles las manos, lo reciben. No hay duda que la presencia del Resucitado, y las constantes aluciones a la presencia del Espíritu Santo, son una constante en este libro, que narra las maravillas del Señor obrando en quienes abrían sus corazones al mensaje de Salvación.
Pedro, en la segunda lectura nos recuerda la importancia de hacer las cosas bien hechas, de modo sano y dando testimonio con respeto de lo que creemos, de ser capaz de ser testigos del Señor; hoy, en tiempos en los cuales las ideas tienden a radicalizarse, y los tonos de las conversaciones se elevan, que prácticas y balsámicas nos resultan los consejos del Apóstol: “Estén siempre dispuestos a defenderse, delante de cualquiera que les pida razón de la esperanza que ustedes tienen. Pero háganlo con suavidad y respeto, y con tranquilidad y conciencia”. Agrega además el tema del sufrimiento que puede significar hacer el bien, si es la voluntad de Dios. Son realmente esclarecedoras y consoladoras las palabras.
El Evangelio de Juan nos habla sobre el amor al Señor, la venida del Espíritu a quienes le aman… todo gira en torno a estos temas, y cómo el Padre se manifestará en el Señor a través de su Espíritu Santo. Dios no nos dejará solos jamás, siempre estará al lado nuestro. Es también esclarecedor el tema que Jesús menciona, sobre el Espíritu de la Verdad, que “el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce”… Esto, hoy se nota más que nunca, y no hay duda que estas palabras se están cumpliendo tal cual fueron escritas.

Aprendizaje de la Palabra:
- Anuncio del Espíritu y sus obras: El libro de los Hechos de los Apóstoles no ha dejado de mostrarnos las obras del Espíritu durante este tiempo de Pascua. Hoy, los mismos Apóstoles entregan el Don del Espíritu Santo, mediante la imposición de manos, a quienes alegres y con fe han aceptado la salvación. Los frutos, ya cada cual puede sacar las conclusiones.
- Anuncio del Espíritu de la Verdad: ¿Qué es la verdad? Se preguntó Poncio Pilatos antes de entregar a Jesús a los judíos la víspera de la Pascua para darle muerte. Hoy nosotros sabemos qué es la Verdad, quién es la Verdad, quién dice la Verdad. Dios para ello nos enviará al Espíritu, para poder discernir y hablar en nombre de Dios. Hoy, no hay duda que muchos se adueñan de la verdad, y la proclaman como un derecho adquirido. Debemos tener cuidado… Dios es la Verdad, y por ello hay que ser prudente antes de llevarse los laureles personales.
- Sufrir por hacer el bien: Suena casi utópico en estos días… pero es Palabra de Dios, y si es su Voluntad sufrir para hacer el bien… ¿Quiénes somos nosotros para decir que no a Dios?... El Espíritu, sin duda nos aclarará muchas de nuestras dudas…

Pidamos a Dios poder prepararnos para actuar de acuerdo a los criterios del Espíritu, que pronto vendrá para enseñarnos y revelarnos la Verdad. Amén.

sábado, marzo 01, 2008

Señor, luz de las naciones

4º Domingo de Cuaresma
02.03.08

Lecturas
1 Sam. 16, 1. 5 – 7. 10 – 13
Sal. 22
Ef. 5, 8 – 14
Jn. 9, 1 – 41

Continuamos nuestro camino por la Cuaresma, y ya es momento de que salgamos de las tinieblas, y comencemos a ver de verdad. El camino cuaresmal nos muestra que nuestro discipulado, necesita ser iluminado, y estructurado, para avanzar de verdad hacia la Pascua del Señor.
El libro primero de Samuel, nos habla hoy de cómo Dios escoge al Rey a través del profeta, que debe ungirlo. Ese era el modo como se consagraba a alguien para un cargo de esta envergadura. El texto recalca fuertemente, que la elección es de Dios, y que Él mira el corazón del hombre, no las apariencias. Es el corazón sincero el que vence a Dios, para hacer su Voluntad en nosotros. David, inicia así su reinado sobre las Tribus de Israel, que necesitaban un rey.
Andar en tinieblas, o vivir iluminados por la luz, es lo que Pablo nos enseña en la carta a los Efesios que leemos hoy en la segunda lectura. Los frutos de la luz, como la bondad, la justicia y la verdad, aparecen cuando se entrega la vida a Jesús; todos sabemos que vivir en la luz, es una lucha constante en nuestro itinerario, que buscar desde la fe, la esperanza y el amor la voluntad de Dios, nos llevará a aprender a realizar las cosas una y otra vez. Andar en la luz, o en la tiniebla, es la tarea que nuestro discernimiento debe lograr algún día.
Juan, en el Evangelio de hoy nos da una lección muy bella y llena de simbolismos, como nos tiene acostumbrados. Hoy descubrimos que Jesús es la luz de la vida del hombre que se atreve a dejar las tinieblas para salir a la luz. Jesús ve a un ciego de nacimiento, y sus discípulos, que de acuerdo a la enseñanza judía antigua, era un pecado, le preguntan sobre el tema: Jesús dice que está así para que se manifieste la gloria de Dios sobre él. Así, Jesús cura su discapacidad, y los judíos nuevamente cuestionan la veracidad de la sanación. El ciego, ha encontrado la luz de Jesús y los fariseos se niegan a verla, creyendo ellos estar en la luz. El juicio al final del texto arroja más luz todavía: Jesús ha venido para dar vista a los que no ven, y dejar ciegos a los que creen ver. La soberbia de los fariseos los ha enceguecido, cosa que quedará mas patente en el capítulo siguiente sobre el Buen Pastor.

Aprendizaje de la Palabra:
- Dios mira el corazón, no la apariencia del hombre: Esta verdad aprendida hoy a raíz de la elección de David como rey de Israel, debe hacernos pensar sobre lo que hacemos a los ojos de los demás, y sobre todo lo que habita en nuestro corazón. Dios jamás mirará nuestras acciones cuando son mecánicas y sin corazón sincero. Tenemos que ser capaces de ofrecer en estos días especialmente, un corazón contrito y humillado ante el Señor.
- ¿De la luz o de las tinieblas?: El clásico camino del bien y del mal, hoy se nos muestra con la apariencia de luz y sombras. Entendemos perfectamente la analogía aplicada a nuestras acciones. La proximidad, o lejanía de Dios en nuestra vida determinará en qué lugar nos encontramos. El final del texto de hoy podemos tomarlo claramente como una invitación muy propia de la Cuaresma: “Despierta, tu que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo te iluminará”. Bella oración, que seguramente se utilizaba en las antiguas comunidades cuando alguien se bautizaba.
- Jesucristo, luz del mundo: Si algo nos queda claro hoy, es que Cristo es capaz de devolver la vista a quienes, desde su nacimiento no han visto la luz de la fe. El texto entra preciso en el tema del discipulado, y además nos demuestra que cuando nos abandonamos a la misericordia de Dios, alcanzamos la salvación. El origen del texto, parece ser las luchas constantes que se daban en las primeras comunidades cristianas, muchas veces cuestionadas por el judaísmo tradicional. Hoy, no hay duda que muchos necesitamos ver de verdad en la vida, de iluminar nuestros ojos y dejar que el Señor sea nuestra lámpara y guía.

Pidamos al Señor en estos días antes de la Pascua, la gracia de ver. Pidamos la gracia de poder discernir dónde está la luz. Pidamos la sencillez de corazón, para que Dios diga bien de nuestras acciones. Amén.

sábado, febrero 23, 2008

Tengo sed de ti, Señor

3º Domingo de Cuaresma
24.02.08


Lecturas
Ex. 17, 1 – 7
Sal. 94
Rom. 5, 1 – 2. 5 – 8
Jn. 4, 5 – 15. 19 – 26. 39. 40 – 42


Los domingos de Cuaresma, y el tiempo cuaresmal en general, siempre se ha presentado como un tiempo de desierto, en donde pasamos necesidades y también sed. En esas necesidades también podemos equivocar el rumbo, y no saber dónde está Dios. Pero allí aparece para saciar nuestra sed, nuestras necesidades.
El libro del Éxodo nos muestra hoy parte de la vida del pueblo de Israel en el desierto, junto a Moisés que les guía por allí. En esta circunstancia, el pueblo comienza a tener sed, y reprochan a Moisés el haberles hecho salir de Egipto para ¿qué?... Allí viene la intervención de Dios, que a través de Moisés le da el agua que necesitan. ¿El Señor está realmente entre nosotros, o no? Esa es la pregunta que queda dando vuelta al final de la lectura de hoy.
¿Dios defrauda en nuestra esperanza? No, esa es la conclusión a la que llega Pablo en la carta a los Romanos. Hoy nos dice que el “amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado”… Es la fe la que nos trae la paz al corazón, y de ese modo podemos componer y aspirar a vivir en la gloria de Dios.
Juan hoy nos habla en el Evangelio del encuentro que tiene Jesús con una mujer samaritana. Es un diálogo progresivo, en donde Jesús se hace el encontradizo con esta mujer. Nuevamente el agua acá es el tema para entrar en el diálogo. Sin saberlo, la mujer – que buscaba agua en un pozo - descubre que su sed va más allá de lo físico, y termina pidiéndole al Señor que le de de beber de esa agua viva, para no tener más sed. En esta mujer, podemos descubrir nosotros también la sed de Dios que tenemos, y que no siempre hemos sabido saciar en el pozo correcto. La clave para ello está en dialogar profundamente con el Señor; de eso debemos encargarnos.

Aprendizaje de la Palabra:
- Búsqueda de aguas en la vida: ¿Quién no ha sentido sed alguna vez? La sed, es símbolo de la carencia en nuestro cuerpo de un líquido que es vital para vivir. Si tenemos sed, buscamos donde saciarla. Espiritualmente, entendemos que Dios es el agua que necesitamos para saciarnos en el interior; no siempre lo sabemos y tenemos tan conciente, pero al igual que la Samaritana, podemos llegar y remontarnos hasta el Señor. Ciertamente eso es lo que debemos buscar hoy en el camino de discípulos. ¿Dónde busco hoy agua en mi vida?, ¿qué agua estoy bebiendo?
- Dios siempre presente: La segunda lectura, y también lo vivido por Israel en el desierto, demuestra que el Señor siempre alimenta la esperanza de todos, con su presencia. En esta cuaresma sigamos junto al Señor, camino a la Pascua Eterna.

sábado, febrero 09, 2008

Tentación y obediencia

1º Domingo de Cuaresma
10.02.08


Gn. 2, 7 – 9; 3, 1 – 7
Sal. 50
Rom. 5, 12 – 19
Mt. 4, 1 – 11

El inicio de la Cuaresma el miércoles recién pasado, nos ha introducido en este tiempo de preparación a la Pascua del Señor, y nos incentiva a mirar nuestra vida como una oportunidad de cambio. Las lecturas de este fin de semana nos ponen de lleno en la revisión de nuestro camino como discípulo.
En la lectura primera, leemos la página del Génesis en donde se nos habla sobre la entrada del pecado al mundo. Es un relato creado para explicar cómo el hombre se deja seducir por el demonio y desobedece al Señor, creyendo que así estará mejor. ¿Cómo llega el hombre a esto? Por el engaño del demonio, muy bien graficado en el texto, que miente, engaña y desorienta al hombre para que no escuche a Dios. Y así, la desobediencia se transforma en el primer pecado que aleja al hombre de la presencia de Dios, del que quiere primero prescindir y luego esconderse al tomar conciencia de su error.
Pero como el pecado no es la última realidad del hombre, Dios se encarga de solucionar con su Gracia lo que el pecado había destruido: la comunicación con Dios. ¿Cómo lo hace? A través de Jesús, su Hijo, por quien ha derramado todos los dones que necesitamos. De esto nos habla la carta de Pablo a los Romanos. El hijo, haciéndose obediente a la Voluntad del Padre, ha conseguido que la desobediencia del hombre tenga redención y salvación. Nuestro camino si lo unimos al del Hijo del Padre, tiene redención. Dios nos ofrece esa posibilidad, y nosotros debemos aprender la lección.
La tentación es uno de los temas con los que a diario debemos aprender a convivir, y tenemos que reconocer para superarlas. El demonio, y su camino del mal llega a tentar incluso a Jesús ofreciéndole comida, poder y adoración para vencerlo. Nosotros hoy sabemos que esta realidad también nos toca. ¿Qué es la tentación? Es sencillamente la capacidad de torcer nuestra voluntad que escoge mal las cosas, y hacernos errar en el camino de Dios. De la tentación al pecado hay un paso, y por ello es necesario que cada cual analice cuáles son sus tentaciones constantes, para que pida la gracia al Señor de poder vencerlas y alejar así las insidias del demonio que constantemente disfraza la mentira haciéndonos parecer que es algo bueno. Recordar la misericordia de Dios nos ayudará para escoger bien cuando debemos hacerlo; orar, como Jesús en esos 40 días es una herramienta urgente en el mundo de hoy para saber discernir entre lo bueno y lo malo.

sábado, enero 26, 2008

El centro es el Señor

3º Domingo del tiempo Ordinario
27.01.08

Lecturas
Is. 8, 23 – 9, 3
Sal. 26
1 Cor. 1, 10 – 14. 16 – 17
Mt. 4, 12 – 23

El tiempo ordinario que vivimos en estos días en la liturgia, nos sirve para darnos cuenta del inicio de la vida pública del Señor Jesús que llama a sus primeros discípulos, y les invita a seguirle, tal como Dios lo hacía a través de Isaías en el Antiguo Testamento. Ser de Cristo, y solamente seguirle a Él es lo que Pablo pretende inculcarles a la gente de Corinto. Miremos las lecturas.
Isaías durante todas estas semanas nos ha hablado de luz y compañía del Señor al pueblo de Israel… hoy vuelve sobre esa idea la liturgia de la Palabra, al decirnos que la presencia del Señor ilumina, que el pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz sobre él; que el peso que llevaban, Dios lo ha quitado y destrozado; Dios les da esperanza en el camino. El texto, lo hemos leído hace no muchos días atrás, los días de Navidad, porque la gran esperanza será un niño que nace. La idea de hoy, es mostrar a un pueblo que, atribulado y cansado hoy es salvado por el Señor a través de la luz que deposita sobre ellos, de la esperanza que les hace caminar nuevamente.
Pablo hoy hace una declaración muy clara, para que no quede dudas sobre lo que creen y a quien siguen. Lo más probable es que en estas primeras comunidades había mucha expectativa respecto de quienes seguían y anunciaban el mensaje de salvación… es la tentación de confundir y dividir sobre quién es mejor. La rivalidad aparente que algunos pretenden sembrar en la comunidad de Corinto sobre el “poder” de los apóstoles, es una tentación que hoy sigue persiguiéndonos cuando se siembra la división. Pablo se encarga de demostrar que es a Cristo a quien siguen, y que los apóstoles, son simples instrumentos del Señor Jesús, no el norte. Ya la semana pasada hablábamos sobre el rol de ser apóstol; hoy simplemente la liturgia a través de Pablo nos recuerda a quien seguimos hoy.
El inicio de la vida pública de Jesús es lo que hemos leído en el Evangelio de Mateo. Hemos escuchado cómo el Señor luego del bautismo, se ha ido hacia Cafarnaúm, a orillas del lago, en los confines del territorio de Israel. Allí inicia su vida ministerial, llamando a los primeros discípulos (Pedro, Andrés, Santiago y Juan) y anunciando además la necesidad de convertirse, porque el reino de los cielos está cerca. Con estas palabras, el Señor marca la soberanía de Dios sobre las realidades terrenas, que deben aprender a tender hacia el cielo anunciado en la conversión.

Aprendizaje del texto:
- Anuncio de una realidad celestial: No es menor este detalle en este día. Ya el anuncio de Jesús (el reino de los cielos está cerca), nos habla muy claro sobre el fondo del mensaje que debemos aprender a conocer y transmitir. Hablar del cielo, pareciera que hoy es una realidad solo para hablarles a los niños cuando tienen 5 años. Eso es algo que sabemos está mal, y por ello, el hecho de que Mateo lo saque a colación hoy en el Evangelio, es genial. Cuando hablamos de Reino de los Cielos, estamos hablando de que Dios se haga presente en todas las realidades terrenas, que las ilumine y con nuestra ayuda voluntaria, las transforme. Hablar del cielo hoy es sinónimo de prepararnos para ese encuentro junto al Señor, y por ello, debemos revitalizar nuestro anuncio por esa línea.
- Seguimiento del Señor: Parece obvio esto, pero por desgracia siempre percibimos alguna división dentro de la comunidad, y eso debilita el centro del anuncio de la salvación: Jesús. El desconcierto que puede provocar una división, rompiendo la armonía dentro de una comunidad, puede provocar mucho daño. En la Iglesia todos somos instrumentos del Señor, y por lo mismo, no hay nadie que sea más que el otro. Dios cuando llama, lo hace para que seamos sus discípulos, no sus maestros.
- Dejarse iluminar por Dios: Cuando la tiniebla se cierne sobre la comunidad, cuando descubrimos que necesitamos unirnos para hacer más diáfano el testimonio que proclamamos, debemos dejarnos iluminar por la luz del Señor. Debemos allí aprender a mirar hacia el cielo, y soñar con la salvación que Dios nos ofrece a todos, como una verdadera comunidad de discípulos que hemos escuchado la llamada a seguirle de verdad.

Pidamos al Señor la gracia de unirnos bajo su presencia luminosa, y hacer de nuestro discipulado un ministerio fructífero para su mayor gloria. Que siempre reine entre nosotros la Palabra del Señor, y el alimento de su Cuerpo Santísimo. Amén.

sábado, enero 19, 2008

Ser siervo y apóstol

2º Domingo del Tiempo Ordinario
20.01.08


Lecturas
Is. 49, 3 – 6
Sal. 39
1 Cor. 1, 1 – 3
Jn. 1, 29 – 34

El inicio del tiempo ordinario nos toma en continuidad con la idea de que Cristo es la salvación para quienes le han reconocido y seguido como verdaderos discípulos. La idea en el fondo es mirar al Señor, reconocerle como Luz para nuestra vida, como quien se ha mostrado salvador y llamando a una tarea concreta: proclamarlo.
Isaías, el autor de la primera lectura, nos presenta hoy una reflexión en donde un servidor (Israel), hace referencia a la gran misericordia que Dios ha tenido al llamarle, y que, a pesar de quejarse, el Señor le fortalece siempre, invitándole a ser luz de las naciones. Este es otro de los cánticos del Siervo de Yaveh, del cual la semana pasada leíamos uno también. Es un llamado cierto a seguirlo, a saberse elegido como un instrumento de Dios para llevar la salvación a muchos otros.
El inicio de la primera carta de Pablo a los Corintios es un saludo, en donde el apóstol se identifica claramente como un apóstol de Jesucristo, deseando la gracia del Señor a los que leerán en esta carta como destinatarios. Apóstol es una palabra griega que significa enviado, por tanto, Pablo sabe cuál es su misión, y a eso se dedica.
El evangelio de San Juan pareciera ser continuo con el Evangelio de la semana pasada, cuando celebrábamos la Fiesta del Bautismo del Señor. Hoy, el texto nos muestra a Juan Bautista, dando testimonio de Aquel que ha bautizado, y sobre quién ha visto posarse el Espíritu Santo. Juan, no hay duda que asume eso de ser siervo y apóstol, y que sabe perfectamente cuál es su rol en este plan de Dios: ser un puente, que ayuda a conectar al hombre y Dios, aquel que señala al Cordero de Dios, aquel que es el Salvador de la humanidad.
Aprendizaje de la Palabra:
- Ser siervo y apóstol: Si hay algunos conceptos que aparecen con fuerza este fin de semana, son estos dos; por ello necesitamos saber que significan. Ser siervo es entregar la voluntad a otro, para hacer aquello que se nos encomienda; ser apóstol, es ser enviado, con un mensaje ajeno, a otros que lo necesitan. A eso debe aspirar un católico verdadero.
- Reconocer nuestra misión: Como discípulos cada uno de nosotros tiene una misión frente a la construcción del Reino. A ello nos abocamos al iniciar este tiempo ordinario. Las palabras de hoy, y la misión de Pablo, el siervo de Isaías y Juan Bautista, reafirman esta realidad para nosotros.

sábado, enero 12, 2008

El bautismo del Señor

Bautismo del Señor
13.01.08

Lecturas
Is. 42, 1 – 4. 6 – 7
Sal. 28
Hech. 10, 34 – 38
Mt. 3, 13 – 17

Hemos llegado al día de la celebración del Bautismo del Señor, como fin ya del tiempo santo de la Navidad… aunque han pasado ya tres semanas de aquello, la Iglesia prolonga esta alegría para que todos los fieles se alegren por los misterios de la Salvación que Dios derrama a través de su Hijo Jesucristo, el Salvador. Miremos las lecturas de esta semana.
El libro del profeta Isaías, que ha alentado nuestro camino estos días de Navidad, hoy nos habla de un siervo, en el que el Señor ha puesto su Espíritu para ser enviado, no con grandes aspavientos ni avasallando todo a su paso, sino con humildad y fidelidad a su misión… Es uno de los “poemas del siervo de Yahvé” que nos ofrece la visión de un servidor fiel y humilde. A este texto, y otros parecidos en este libro, muy pronto se le dio un claro sentido mesiánico, de que se referían a que vendría ese Mesías santo y humilde, que restauraría la justicia.
El libro de los Hechos de los Apóstoles, la segunda lectura de hoy, nos cuenta parte de un discurso de Pedro frente a algunos judíos. Lo hace para mostrar que Dios no tiene preferencias por nadie en particular, sino que actúa medido por la misericordia, y que a través de su Hijo Jesús, el Padre Dios nos ama infinitamente. En la persona de Jesús - nos ratifica la lectura - está la salvación.
Mateo, nos narra el bautismo del Señor, su encuentro con Juan Bautista, y ocurre el momento preciso de ese bautismo del Señor, que viene a cumplir así la voluntad del Padre Dios. Así inicia su vida pública, y ella es confirmada con la presencia del Espíritu que desciende en forma de paloma, y el Padre confirma que es en Él en quien ha puesto su predilección (bendición) para realizar así la salvación del hombre. Como aprendizaje, el Evangelio nos marca fuertemente el inicio de la vida pública de Jesús, la declinación del trabajo de Juan Bautista, y la confirmación del origen divino de Jesús.

Aprendizaje de la Palabra:
- El bautismo del Señor nos abre la puerta de la salvación: Si Jesús se hace bautizar, es solo para dar cumplimiento a lo que el Padre Eterno tiene en mente: salvarnos. Su bautismo, nos abre ese camino hacia Él. Hoy, eso lo sabemos, pero creo que nos falta interiorizarlo, para hacer efecto en nuestra vida de discípulos.
- El bautismo nos prepara para una misión: Cuando el profeta Isaías nos habla de la misión del Mesías – o el siervo de Yahvé - está hablando de la misión de un consagrado… eso es lo que somos por el bautismo: consagrados. No podemos quedarnos solo con el sacramento, tiene que producir un fruto.

Vivamos nuestra consagración y misión bautismal vivamente. Amén.

sábado, enero 05, 2008

Manifestación del Señor

Epifanía del Señor
06.01.08


Lecturas
Is. 60, 1 – 6
Sal. 71
Ef. 3, 2 – 6
Mt. 2, 1 – 12

Estamos aún celebrando el tiempo de Navidad, que se extenderá hasta la próxima semana, con la Solemnidad del Bautismo del Señor, y hoy, lo que celebramos es la Epifanía del Señor. La palabra Epifanía significa manifestación, aparición, mostrarse y también iluminar. De eso es lo que nos hablan las lecturas hoy, del mostrarse de Dios a todas las naciones, expresado en el Evangelio en la manifestación a los Magos venidos de oriente para adorar al Niño Dios nacido en Belén, pero en realidad, el Señor siempre nos muestra Epifanías en nuestra vida. Vamos a las lecturas.
Isaías en el texto de hoy, claramente nos habla de la luz, y la gloria del Señor que ilumina a los pueblos; por ello, todos se acercarán a esa luz gloriosa, caminarán bajo la influencia de la Luz del Señor. Luego de haber vivido humillaciones, el profeta augura un futuro lleno de esplendor para Jerusalén, que será habitada por la gloria del Señor; eso será lo que atraerá a muchos hasta sus puertas, distintos pueblos, naciones, razas y colores, todos vendrán admirados por aquella gloria.
La carta de Pablo a los Efesios hoy nos muestra lo misericordioso del amor de Dios, que ha llamado a todos los pueblos a la salvación. Por alguna razón, Dios no se manifestó a todos antes, y ahora, en la persona de Jesús lo ha hecho claramente, llamándonos a ser miembros de un mismo Cuerpo. Es parte del misterio de la salvación, que ha comenzado con la aparición o manifestación de Cristo Jesús. Hoy, en la epifanía estas palabras de Pablo toman un matiz y claridad evidentes.
El Evangelio de Mateo que hemos leído, nos narra hoy el viaje de los magos de oriente, que, guiados por una estrella luminosa, llegan a Jerusalén buscando a un Niño, a quien vienen a adorar. Herodes, que los recibe se desconcierta, y les pide engañosamente que una vez que lo encuentren, vuelvan para indicarles el lugar exacto en donde ha nacido este Niño Mesías. Los magos, siguen el camino guiados por la estrella, y al encontrar a Jesús lo adoran rindiéndole homenaje con regalos. Luego, vuelven por otro camino, al ser advertidos en sueños de las verdaderas intenciones de Herodes. Acá es la luz de una estrella la que muestra a los magos donde está el Señor, y su llegada es interpretada por los padres de la Iglesia como la entrada a la Iglesia, que con docilidad se acercan al misterio del Dios hecho hombre (San León Magno).

Aprendizaje de la Palabra:
- Las manifestaciones de Dios: Lo que hoy la Iglesia entera celebra es esto: Dios se ha manifestado a todos los hombres. Hoy se manifiesta como un niño nacido en Belén, pero sabemos que el significado de ese nacimiento es mucho más profundo, y por ello, al celebrar hoy este acontecimiento, lo que sabemos es que Dios nos ha mirado con benevolencia y ha aparecido por nosotros, por nuestra salvación. Si miramos más allá, podemos descubrir que los modos como se manifiesta Dios sobrepasan la luz de estos días, y alcanzan a todo hombre y mujer de buena voluntad. ¿Cuántas manifestaciones de Dios hay hoy en mi vida? Seguro, hay muchas, de diversos modos y formas.
- Luz, esperanza de hoy: el tema de la luz aparece en las lecturas de modo evidente en las lecturas de hoy. Isaías nos recordaba que la luz del Señor brilla sobre el pueblo, Pablo nos decía que el misterio de Dios se ha clarificado con Jesús que nos ha llamado; los magos en el Evangelio que son conducidos por una estrella luminosa… la metáfora que hay detrás, se entiende sola: solo quien se deja iluminar, puede llegar hasta la gloria del Señor que se manifiesta a todos para llegar a ser su cuerpo, solo quien se conduce guiado por la luz del Señor, puede dejar las tinieblas, como se muestra Herodes, solo la luz de Dios nos hará salir de ellas, y volver a nuestros quehaceres por otro camino, distinto de las tinieblas.

Pidamos al Señor que en estos días su luz, que ilumina y alegra la tierra, llegue a todos los rincones del orbe, que podamos dejarnos alcanzar por ella, y transforme nuestros corazones para siempre. Amén.

sábado, diciembre 22, 2007

4º Domingo de Adviento

4º Domingo de Adviento
23.12.07

Lecturas
Is. 7, 10-14
Sal. 23
Rom. 1,1-7
Mt. 1, 18-24

Hemos llegado al fin del tiempo del Adviento, ad portas además de la Noche Buena, preparándonos abiertamente para celebrar esta Navidad del Señor, animados por el camino que ilumina la vida de Dios en nosotros.
Las lecturas de hoy se fijan en la esperanza del nacimiento del Emmanuel, del Dios con nosotros, que esperaba el pueblo de Israel, y que nosotros vemos completada esa espera de los tiempos en la persona del Niño Jesús. Miremos las lecturas.
Isaías hoy nos narra un texto en el que se anuncia el nacimiento de alguien que será la esperanza del pueblo, amenazado por las manos de los pueblos de Damasco y Samaría que ponían en peligro la vida política de Judá. ¿Hay esperanza allí? Si, la hay, y la señal es un niño, que será Emmanuel, Dios con nosotros, justo cuando necesitamos que nos ampare el Señor. Cuando vacila la fe (“no quiero tentar al Señor”), solo queda la esperanza en la misericordia de Dios. A pesar de la ironía y rechazo del rey Acaz, el Señor da la señal, precisamente para afirmar la fe de los vacilantes. El texto de Isaías, si bien es cierto, piensa en un mesías-salvador temporal, nosotros hoy a la luz de la Revelación, lo aplicamos claramente a la presencia de María (una virgen) y Jesús (Emmanuel).
La carta de Pablo a los Romanos nos recuerda las verdades reveladas en las Escrituras: Que Jesús es el descendiente de la casa de David, que en Él el Padre Dios nos ha revelado su salvación, llamándonos a la santidad para así cumplir las promesas hechas a los profetas. Es bueno recordar estas palabras precisamente hoy, tan cerca de la Navidad que da ese cumplimiento de las promesas. Estos días debieran ser para nosotros motivos de profunda alegría y agradecimiento al Señor. Misteriosamente, esta Revelación y su pleno cumplimiento, no llega a todos, no todos tienen la finesa de espíritu ni la apertura de la inteligencia de la fe para alcanzar a comprender el sentido de la festividad de Navidad.
Hoy, en el Evangelio asistimos a la visión de San José sobre los hechos que envuelven a su mujer. Extrañamente, a José lo dejamos postergado en estas festividades, así es que… bienvenido el Evangelio de hoy. A José le sigue una fama de hombre Justo por excelencia; hoy en el Evangelio hemos descubierto porqué. En el texto, vemos que este hombre tiene miedo de recibir a María en su casa, porque ella ha concebido un niño, y seguramente él no lo asimilaba… socialmente, lo de María era para morir apedreada en la plaza pública, y José tenía todo el derecho de la ley para denunciarla ante las autoridades de la época, porque su honra como hombre estaba en juego; pero en su corazón algo le dice que lo que le pasa a María no es normal, que es algo grande y extraordinario… y no se equivoca. La revelación que recibe en sueños de parte del Angel del Señor, le confirma que su corazón no se equivocaba, que estaba ante algo grande, que era obra de Dios lo que pasaba. Así, lleva a María a su hogar a vivir con ella. Espiritualmente, no es difícil deducir lo que le ocurre a José. Él, un hombre piadoso y preocupado de la voluntad de Dios, debe haber sentido que lo de su mujer estaba envuelto por un halo de santidad y gracia, en la cual él se ha de haber sentido pequeño, y como los justos según la Biblia se inclinan ante el misterio de Dios, de ahí su miedo. Sin darse cuenta, José entra a cumplir la Palabra de Dios, que decía anunciado por los profetas que el Mesías nacería de la tribu de David, de la cual este hombre formaba parte. A diferencia de Acaz que ha rechazado el signo de Dios, José acoge el anuncio del ángel convirtiéndose en íntimo colaborador de Dios. De esta manera la alianza se renueva. La historia de la salvación alcanza en este momento su vértice, lo más alto, y un hombre tuvo la oportunidad de hacer lo correcto para que la Voluntad de Dios se cumpliera plenamente…la llegada, el nacimiento del Emmanuel, ese es el milagro de Navidad.

Aprendizaje de la Palabra:

- Dios con nosotros: La Gran alegría de este fin de semana, viene de la llegada del Dios con nosotros, del nacimiento del salvador. Los signos de las lecturas de este fin de semana, no hacen más que alentarnos en la esperanza del nacimiento de este Niño Salvador, de este Dios con nosotros. ¿Cuántas veces este año sentimos que no estuvimos con Dios, o lo que es peor, que Dios no estuvo con nosotros? Terrible realidad la nuestra, cuando no lo hemos visto. Esta Navidad, ojalá que nadie se quede sin ver a Dios con nosotros. Navidad es la gran oportunidad para descubrirlo… que no se nos pase esta gran ocasión.
- Señales de Dios: La Navidad es una época de señales, el gran signo, es un pequeño niño que nace… ¿habrá algo más maravilloso que eso? Hoy necesitamos señales que nos devuelvan la esperanza, la alegría, la fe. Acaz no quería reconocer ni pedir señales, prefería seguir en la incertidumbre de su oscuridad, de su falta de fe; José en cambio, acepta una señal extrañísima, pero certera. Nunca desechemos las señales que Dios nos envía, sea por los medios que sean, menos en Navidad.

Pidamos fe al Señor, con un corazón agradecido para adorarle con todas nuestras fuerzas, que nuestra alma más que nunca esté plena de fe para esperar su Nacimiento… ¡Ven Señor Jesús! Amén.

sábado, diciembre 15, 2007

Tiempo de Adviento

3º Domingo de Adviento


Lecturas
Is. 35, 1 – 6. 10
Sal. 145
Sant. 5, 7 – 10
Mt. 11, 2 – 11

El tiempo del Adviento que vivimos estos días, ciertamente es un tiempo especial para todos. La cercana Navidad, a todos debe motivarnos para hacer que en nuestra vida nazca el Niño Dios en los próximos días. Nuestra esperanza está puesta en ese nacimiento, mirando hacia ese acontecimiento y mostrando un claro mensaje: vivan esperanzados y alegres, porque el Señor ya viene. Miremos las lecturas de este fin de semana.
La primera lectura, tomada del profeta Isaías, nos habla sobre el florecimiento del desierto, sobre la alegría de la tierra, porque viene el Señor. El profeta invita a fortalecer los brazos débiles, robustecer las rodillas que vacilan, a ser fuertes, porque la alegría de la venida del Señor está a las puertas. La profecía se completa con una imagen decidora: “se abrirán los ojos de los ciegos, se destaparán los oídos de los sordos, el tullido saltará como un ciervo y la lengua de los mudos gritará de júbilo”… es una imagen plena, acabada, completa sobre la suerte de quienes viven bajo el amparo del Señor; es una profecía a punto de cumplirse. El texto remata de la siguiente forma: “Volverán los rescatados por el Señor, entrarán en Sión gritando de júbilo, coronados de una alegría perpetua: los acompañará el gozo y la alegría; la tristeza y los gemidos se alejarán”. Eso es la Navidad que esperamos. El profeta, habla ciertamente de la vuelta a Sión, la tierra prometida. Nosotros aplicamos esta profecía para hablar y mostrar nuestra alegría por la vuelta a nuestra tierra, por el nacimiento del Salvador.
La espera es una característica de la vida cristiana, y el apóstol Santiago se encarga de recordar hoy esa espera paciente, fortalecida en la certeza de la venida del Señor. Da como ejemplo a un sembrador, que sabe que los frutos llegarán cuando sea la época adecuada, y recomienda fijarse en los profetas que lo esperaron esperanzados. El Adviento es un tiempo de esperanza muy potente, en donde crecemos en este don. Nosotros caminamos pacientes tras esta esperanza.
Mateo hoy, en la figura de Juan Bautista, nos alienta a crecer en una pregunta: ¿Eres tu el que ha de venir, o debemos esperar a otro? Y la respuesta de Jesús es clara: “Cuenten lo que ven y oyen: los ciegos ven y los paralíticos caminan, los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres”… ¿Necesitamos más signos? Estos son una clara manifestación del Mesianismo, de la era en la que Dios reinará… tal como lo anunció Isaías en la primera lectura. Jesús es el cumplimiento pleno de los anuncios de los profetas.

Aprendizaje de la Palabra:
- Adviento es el tiempo de la Esperanza: No hay duda que las tres lecturas, aunque no mencionen claramente la palabra, terminan alentándonos en la idea de la esperanza, que debe crecer fuertemente. Siempre hemos escuchado que tenemos que vivir esperanzados; estos días previos, esa esperanza se hace patente, porque sabemos que el Señor viene, que nacerá en los corazones de quienes lo esperan, que su Presencia llenará la vida de la tierra, para recrearla, tal como lo soñaba Israel de acuerdo a las palabras de Isaías, o como lo hace el sembrador que está esperando para cosechar los frutos, o como Juan Bautista, que se esperanza y pregunta al Señor si es Él a quien esperan con amor. El Adviento debe llenarnos de esta virtud, de este don, y hacer que la Esperanza crezca, que gane terreno en la vida diaria.
- Adviento es el tiempo de la Alegría: También las lecturas de esta semana hacen incapié en este tema. Es la llamada del profeta, es lo que Jesús termina por aclarar… la alegría traspasa el cosmos y las carencias físicas; las imágenes que describe Isaías son enormemente decidoras, y en ellas se manifestará algún día la salvación que el Señor nos ha prometido.

Pidamos al Señor que durante estos días previos a la Navidad crezcamos cada día más en la esperanza y la alegría, como signos claros de un tiempo mesiánico, previo a la llegada del Señor Jesús que nacerá en la Navidad. Amén.

sábado, octubre 27, 2007

Homilía

30º domingo del tiempo ordinario
28.10.07

Lecturas
Eclo. 35, 12-14.16-18
Sal. 33
2 Tim. 4,6-8.16-18
Lc. 18,9-14

En este ya casi, fin del año litúrgico, las lecturas nos siguen adentrando en la honestidad necesaria para dar una buena respuesta a Nuestro Señor. Hoy, más que nunca, necesitamos hacer las cosas honesta y correctamente, para dar testimonio cierto de lo que creemos. San Pablo, con razón nos dice “he peleado hasta el fin el buen combate... conservé mi fe...” El Evangelio nos contrapone dos visiones de vida, que claramente no son compatibles: La humildad y pequeñez asoman como la gran fuerza de quienes siguen al Señor, frente a la autosuficiencia que nos hace mirar solo los méritos que tenemos creyendo que por ellos nos salvaremos. Y nosotros, debemos tomar nuestras propias decisiones.
En la primera lectura, se nos da una buena exposición con respecto a quienes son los “regalones” de Dios: los más necesitados. Durante las semanas anteriores estuvimos hablando sobre ellos: los leprosos, las viudas y los huérfanos. Hoy escuchamos en el libro del Eclesiástico, la fundamentación de esa predilección por parte de Dios: la humildad de éstos y el culto que le tributan. Allí, frente a estas cosas, Dios no se resiste, escucha sus plegarias y les hace justicia. Es el poder de la oración que todo lo alcanza, y que veíamos la semana pasada la necesidad de orar siempre sin desanimarse.
En la segunda lectura, en la continuación de la carta segunda de Pablo a Timoteo, escuchamos una profunda convicción a la que el autor ha llegado: Ha peleado el buen combate, concluyó su carrera, y ha conservado su fe; ahora espera la recompensa por tanta lucha dada, por tanto esfuerzo puesto de su parte. Pablo ha alcanzado esta madurez luego de toda una vida entregada a la causa del Evangelio del Señor. En el fondo, nos habla de la suerte que le espera en esta vida y la futura: el martirio y la gloria de la Vida Eterna.
En el Evangelio de Lucas (nuestro guía durante este ciclo C), escuchamos parábolas que nos hablan sobre la forma de hacer oración, aunque más profundamente, de lo que nos hablan, es de dos formas de actuar: la hipocresía y la humildad; los que se tienen por justos, y quienes se reconocen como pecadores; los que se apoyan en si mismo y en sus obras, esperando de ese modo ganar la salvación, y los que piden conversión y misericordia para llegar hasta Dios. El hombre autosuficiente y calculador, en la parábola ciertamente no alcanza en la oración lo que necesita, porque no sabe lo que debe pedir, y más bien se dedica a destacar todos sus meritos por los cuales el Señor debiera fijarse en él; todo lo contrario del publicano, que en actitud sobrecogedora pide compasión: Este hombre humilde, que se reconoce pecador, que pide conversión y misericordia, ese es el modelo de cristiano que ofrece Lucas a sus lectores.
¿Qué nos enseña Dios?
- La justicia de Dios se realiza en los pequeños y humildes: Lo que escuchamos en la primera lectura, es una doctrina que atraviesa toda la Biblia y la doctrina de la Iglesia. Dios escucha a quienes se reconocen pequeños y necesitados; es lo que ocurre en el Evangelio, con la oración sencilla y profunda que realiza ¡un publicano! Esa es la actitud que Dios alaba, la de quien sabe que necesita de la misericordia. La semana pasada decíamos con respecto a la oración, que ella es la fortaleza de los débiles. ¿quiénes necesitan orar? Los que se reconocen necesitados. El autosuficiente se preocupa de destacar lo que hace, más que lo que le falta cambiar. Ahí está la diferencia entre el fariseo y el publicano.
- El trabajo constante, alcanza recompensa: Lo que San Pablo nos cuenta respecto a su vida, es una experiencia estremecedora; Pablo sabe que ha corrido la carrera, que ha peleado el buen combate, sabe que no ha sido fácil, pero se entrega, ha conservado su fe, y confía en la justicia de Dios. Y abre a la esperanza a todos quienes se aventuran a seguir al Señor a correr su misma suerte: si han dado lo mejor, si han puesto empeño en su vida, no quedarán sin recompensa, recompensa alcanzada por “todos los que hayan aguardado con amor su manifestación”. Al respecto, es significativo lo que hoy ocurrió en Roma, con la beatificación de 498 mártires en España, todos encaminados a la gloria de la que Pablo nos habla.

Cada día podemos entregar más, y eso tiene un mérito tremendo en el camino como discípulo del Señor. Lo que debemos tratar es de construir nuestra historia junto a Dios, pero con mucha honestidad y humildad. Eso es lo que nos hace ser justos a los ojos de Dios, y lo que nos “eleva” frente a lo verdaderamente importante, aunque nos toque sufrir, como Pablo para alcanzar esa “corona”, no quedaremos sin recompensa. Amén.

sábado, octubre 13, 2007

Agradecer a Dios...

28º domingo del tiempo ordinario
13.10.07

Lecturas
2 Reyes 5, 10.14-17
Sal. 97, 1-4
2 Tim. 2, 8-13
Lc. 17, 11-19

¿Quién no ha vivido períodos de exclusión y lejanía de la vida normal? Vivir momentos de soledad y no aceptación, por desgracia, está siendo más común de lo que creemos. La lepra, no solo es una enfermedad de tiempos pasados, sino que hoy seguimos ofreciendo discriminación por distintos motivos. Este fin de semana, las lecturas nos hablan de milagros con respecto a unos leprosos, el sentido que tiene ese milagro, que más que la sanación en sí mismo, el milagro que producen en quienes son salvados y reintegrados a la sociedad. La salvación es universal, es un regalo para todo hombre, y eso queda de manifiesto este fin de semana en las sanaciones a extranjeros.
En la primera lectura, leemos como un general del ejército Sirio, llamado Naamán, llega hasta el profeta Eliseo para pedirle que le ayude a sanar de la lepra. Eliseo le envía a bañarse al Jordán, y sana. Entonces, el hombre lleno de fe, le ofrece sus regalos al profeta, para que se los ofrezca al Señor. Un extranjero (raro en el esquema de salvación judío), que más encima tiene lepra (por ello, absolutamente impuro para un judío), se convierte al Señor luego de ver el poder de Dios.
En la segunda lectura, Pablo nos vuelve a hablar sobre la entrega en el sufrimiento; y de la forma como Dios va dando a conocer su Palabra a través de instrumentos como Pablo, que, a pesar de saberse abrumado por la persecución, no deja de dar testimonio para que otros alcancen la salvación de Dios. Y concluye su reflexión con un himno-doctrinal que da a conocer su propia vivencia: “Esta doctrina es digna de fe; Si hemos muerto con Él, viviremos con Él. Si somos constantes, reinaremos con Él. Si renegamos de Él, Él también renegará de nosotros. Si somos infieles, Él es fiel, porque no puede renegar de sí mismo”.
El Evangelio hoy nos habla sobre las sanaciones de 10 leprosos, que merece una explicación para comprender mejor el texto: El mundo para un leproso que viviera en la época de Jesús no era nada de fácil; esto porque debía cargar con una ley que le obligaba a vivir marginado de la sociedad. Según el Antiguo Testamento[1], un leproso[2] era considerado un impuro, y por lo tanto, debía llevar los vestidos rasgados, el pelo suelto con la cara cubierta hasta los bigotes y gritando que es impuro a todo el que se le acercara. Esto los obligaba a vivir solos, en las afueras de las ciudades, en las cuevas y sólo les era permitido entrar a los lugares habitados para solicitar algo de comida por las calles, evitando cuidadosamente que nadie les tocara, porque esto hacía a la persona que había entrado en contacto con un leproso, uno de ellos, o sea, un impuro.
En los tiempos de Jesús, la lepra constituía una dolencia, un estado de devaluación del propio ser, de la persona; más que una situación biomédica era un asunto social, porque se creía que la dolencia había aparecido a causa de desvíos de las normas culturales, morales e incluso sociales más que físicas: es consecuencia de su pecado. Esto incapacitaba al leproso para estar en lugares públicos y desarrollar actividades normales como cualquier otro israelita. En el fondo, se les incapacita socialmente de cualquier quehacer, haciendo que la persona fuese perdiendo significado de su vida y del mundo.
La curación de la enfermedad era certificada siempre por un sacerdote que debía examinarlo fuera de la ciudad o poblado (Lv. 14,2-3), y luego de comprobar que estaba limpio debía cumplir con el rito de purificación[3] antes de volver a habitar entre la gente del pueblo. Solo entonces volvía a rehacer su vida, comenzaba a tomar parte en las relaciones de su pueblo y por fin, era nuevamente una persona “pura”. En el Evangelio de hoy, vemos como los leprosos, desde lejos le piden a Jesús que tenga compasión de ellos. Jesús, según la ley, les manda donde los sacerdotes para que certifique que han quedado limpios, y luego de que en el camino quedan limpios, solo uno de ellos, que es extranjero, vuelve donde Jesús agradecido por el milagro. Jesús luego de preguntar por los otros nueve, le dice: “Levántate y vete, tu fe te ha salvado”.
Qué podemos aprender nosotros de éstas demostraciones de fe que escuchamos en estas lecturas?
- El cristiano es un agradecido de Dios: Nosotros que vivimos una cultura marcada por el individualismo, olvidamos con facilidad lo que Dios nos da cada día, los milagros que constantemente realiza en nosotros. En las lecturas de este fin de semana leemos cómo el agradecimiento hacia Dios se manifiesta de un modo explícito en la vuelta de estos extranjeros (Naamán y el hombre del Evangelio), que regresan para agradecer lo que Dios ha hecho con ellos. Nosotros estamos invitados a vivir agradecidos, a reconocer lo que Dios nos da. La ingratitud no es una actitud cristiana. Ese leproso del Evangelio que regresa, demuestra que ha entendido bien el mensaje de Jesús: el milagro físico debe hacer producir un corazón lleno de agradecimiento. Debemos decir todos los días “gracias Señor”, por todas las cosas que nos da. Reconocer que Jesús es nuestro Señor es la actitud más sensata, como lo reconoce Pablo. Pregunta: ¿Qué cosas agradecemos a Dios nosotros?, ¿Nos sentimos privilegiados por Dios y volvemos a dar gracias habitualmente?
- El cristiano no discrimina: La lepra, como ya explicamos, más que una enfermedad física, era sentida por quienes la padecían como discriminación social; hoy, que nuestra sociedad tiene tantas lepras, nos lleva a reflexionar sobre la intolerancia en la que vivimos frente a quienes piensan distinto a nosotros. El cristiano está llamado a integrar, más que a desintegrar, a unir más que a desunir, a juntar más que a dividir. La intolerancia tampoco es querido por Dios en nuestra vida. Nosotros debemos luchar, a todos los niveles, para lograr vivir como verdaderos hermanos y discípulos del Señor.
- La obediencia de la fe: Hoy, cuando buscamos cosas en las que creer en este mundo inmediatista, la fe nuevamente nos llama a confiar y creer. Ni Naamán ni los 10 leprosos sabían si serían sanados, pero sin embargo, obedecen a esa palabra. Que gran ejemplo hoy para nosotros.

Demos gracias entonces al Señor, pidámosle poder obedecer sus palabras y vivir agradeciendo su vida, su ejemplo de integración de todos los que se le acercaban. Amén.

[1] Cf. Lev. 13,1-45.
[2] La noción que tienen los antiguos hebreos de la lepra abarca diversas afecciones cutáneas. Leproso en Israel era cualquier persona que tuviera la piel con tumor, erupciones, manchas, úlcera con hinchazones, quemaduras o llagas que se pusieran de un color blanco. Esto lo hacía inmediatamente impuro. El diagnóstico y las precauciones, además de la certificación de que la persona era leprosa, la hacía el sacerdote.
[3] La lepra era considerado un mal, que había sido causado por un demonio, y por esto debía hacerse todo un rito de expiación que incluía sacrificio de animales, aspersión sobre el “curado” con la sangre de uno de los animales sacrificados, y limpieza física y de los vestidos antes de volver a la comunidad.

viernes, octubre 05, 2007

Fidelidad en la adversidad

27º domingo del tiempo ordinario
Lecturas
Hab. 1, 2-3; 2, 2-4
Sal. 94
2 Tim. 1, 6-8. 13-14
Lc. 17, 3 b.10

¿Qué pasa con el ser humano cuando pierde las esperanzas?; ¿qué ocurre cuando se siente abatido y cansado?; ¿Dónde queda la fe, la fidelidad a las cosas esperadas?. De eso, y otros variados temas nos hablan hoy las lecturas: la fe, el perdón, el servicio, el diálogo con Dios, la esperanza, etc. Miremos un poco las lecturas para sacar algo en conclusión más adelante.
En la primera lectura, se nos habla en un lenguaje de queja con respecto a alguna profecía que el profeta y el pueblo esperaban de parte de Dios: “¿Hasta cuando Señor veré la iniquidad y la opresión?”; la queja amarga del profeta encuentra respuesta en el diálogo con Dios que le pide al pueblo tener sobre todo fidelidad y alma recta para no sucumbir en la espera. Esa es la gran enseñanza de este profeta y de su prédica en medio de la desolación. Para quien espera, la esperanza será recompensada: “El que no tiene el alma recta, sucumbirá, pero el justo vivirá por su fidelidad”.
La segunda lectura, Pablo sigue alentando a Timoteo, un joven Obispo de alguna de las comunidades fundadas por Pablo, a que reavive el don de Dios recibido por la imposición de manos; Dios ha derramado sobre él un Espíritu de fortaleza, amor y sobriedad, y no de temor: por esto mismo, no debe avergonzarse de dar testimonio del Señor Jesús ante los hombres. Pablo lo alienta en la esperanza en el Señor para transmitir firme el mensaje de salvación a todos: que somos salvados gratuitamente por Dios y no por nuestras obras; que estamos llamados a la santidad; que hay un designio divino de salvación manifestada por medio de Jesucristo. Pura tradición paulina y evangélica.
En el Evangelio de Lucas hoy nos topamos con una variedad de temas: Por un lado está la corrección fraterna (17, 3 b-4), el servicio fraterno (17, 7-10), quedando en medio el tema de la fe (17, 5-6). Parece ser que la intención es mostrar la vida del discípulo desde la autenticidad en actitudes muy concretas de amor fraterno y servicio, que son alentadas y sostenidas por la fe. Las tres cosas son esenciales en la vida de los discípulos del Señor.
Parece que las lecturas nos ponen en el horizonte del mirar esperanzados y fortalecidos nuestra historia desde la fe, a pesar de la adversidad: cuando estamos alimentados por la fe, nuestra historia se transforma y fortalece. Veamos algunas enseñanzas:
- La fe y la esperanza cuando la historia es adversa: Para nosotros, la fe y la esperanza son alimento en el camino; no todos la comprenden y aceptan, y prefieren otros caminos, en los que se sienten a menudo muy sobrepasados por las cosas cotidianas... aparecen así el desaliento y desánimo, y de paso, la desconfianza en el poder del Señor. Esta es una de las tentaciones más comunes de nuestra época: desconfiar frente al Señor cuando no entendemos con claridad lo que ocurre a nuestro alrededor; esa parece ser la situación que vivió Habacuc en Judá, que según su propia descripción, sufre saqueo, violencia, contiendas y discordias. Su fe se ve probada. Hoy, cuando nos enfrentamos a una sociedad con tanta violencia, desigualdad, incertidumbre, discordia... ¿Qué tienen en común la época de Habacuc y la nuestra? Que contamos con la misma herramienta para enfrentarlos. La fe y la Esperanza en Dios, nos pueden hacer mirar nuestra historia hoy, con fortaleza; desde ella, Dios hoy nos responde que vale la pena esperar, confiar, fortalecernos... Hoy, en nuestro mundo, lo más importante es saber que no estamos solos, aún contra las apariencias de la evidencia del mundo que Dios nos deja construir. Dios está tan presente con nosotros, como lo estuvo en la respuesta llena de esperanza y fe que le dio a Habacuc.
- Desde la fe podemos perdonar y servir mejor: El Evangelio ilumina nuestras conciencias con gran exactitud: el perdón y el servicio, solo tienen sentido desde la fe. ¿Cuántas veces debo perdonar? Siempre. ¿Cómo debe actuar el cristiano? Sirviendo. Esa es la misión del discípulo, y que ambas se entroncan y entienden desde la fe. Estas cosas tienen sentido cuando el discípulo ha descubierto la fe en su vida, y la importancia de iluminarla a ejemplo de las palabras del Señor. Lo que importa no es la cantidad de la fe (Señor: Auméntanos la fe), sino la calidad de la misma, reflejada en actitudes concretas. “Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber”. Esa es la clave del Evangelio.

Entendamos entonces, el mensaje de la Palabra del Señor este fin de semana: Nuestra historia, nuestra vida está en las manos del Señor. El Señor nos da herramientas seguras y eficaces para construir firmemente nuestra vida junto a la suya: la fe y la esperanza, que dan sentido a nuestra historia. Amén.

sábado, septiembre 29, 2007

Solemnidad externa de Nuestra Señora del Carmen, Madre y Reina de Chile

Nota: En Chile el último fin de semana de Septiembre, se dedica al día de la oración por Chile, y se consagra a la Virgen del Carmen... si eres del extranjero, la homilía no coincidirá con lo que escuches en las Misas en tu país...
Lecturas
Jdt. 13, 18 – 20 a; 15, 8 – 10
Cánt. De Judit
1 Tim. 2, 1 – 8
Jn. 19, 25 – 27

El último domingo del mes de Septiembre, Mes de la Patria, la Iglesia en Chile lo dedica en particular a orar por este país, por nuestros gobernantes, por cada uno de los ciudadanos que habitamos esta patria. Y todo esto, bajo el amparo de Nuestra Señora del Carmen, Reina y Madre de Chile. La idea, es incrementar la fraternidad entre todos los compatriotas, y así tratar de construir un país más justo y solidario, en donde el país sea el espacio para todos.
Las lecturas, nos hablan de dos temas claros: la presencia de una mujer (Judit), que socorre a su pueblo del poder opresor del enemigo, mujer en la que vemos la figura de María Santísima, parada al pie de la cruz, viendo morir a su Hijo Jesús, y recibiendo a otro (Juan) como su hijo a quien custodiar y ayudar; y el segundo tema nos hace un claro llamado a orar por los gobernantes y gobernados de nuestra patria, para el bienestar y la paz de todos.
Orar por Chile, eso es lo que se nos propone este fin de semana en las lecturas. Fijémonos en lo que hemos construido en este último tiempo como nación, en los avances, en las cosas que aún reclaman más preocupación de parte de todos, en cada una de las cosas que hemos hecho nosotros por el país. No es fácil reconocernos, habitualmente no hacemos el ejercicio de mirar quienes somos. La pregunta para este fin de semana se tiñe con esta Solemnidad de la Virgen del Carmen, como nuestra madre, pensando en que debemos ponernos bajo su amparo y protección, poniendo nosotros también los elementos necesarios para hacer de Chile un país más grande.
¿Qué es lo que queremos para Chile? Ese puede ser un punto de comienzo en esta reflexión al finalizar el mes de la patria; los sueños de país, que hoy existen, necesitan tomar cuerpo… nos acercamos aceleradamente al Bicentenario de la patria, 200 años de historia como nación, que necesitan despertar y hacerse realidad.
Los Obispos en Chile, en vistas a este Bicentenario, cuando sacaron un documento hace 3 años atrás, nos hablaban de rescatar el alma de Chile, de ser constructores de la sociedad, de rescatar los valores que orienten a todos: el valor de la verdad, el derecho a la libertad, el respeto a la conciencia, la familia…
Que interesante mirar a Chile con ojos esperanzadores, a pesar de los signos de desesperanza que pesan sobre cada uno. Creo que esto último, es producto del pecado que se manifiesta en el actuar personal, y se refleja en el camino de todos: es lo que la Iglesia llama el pecado social…
El padre Alberto Hurtado, cuando se preguntaba si Chile era un país católico, apuntaba a la idea de que cada católico debe ser un incansable pregonero del bien, de anunciar y encarnar el evangelio de Cristo, de llevarlo a los que lo necesitan, de mirar con sus ojos.
Cuando vemos que en Chile avanzamos en tantas cosas, tecnológicas, económicas, reformas de salud, educación y recursos, como Chile solidario, un techo para Chile y otras instituciones de beneficencia y ONGs, no podemos dejar de cuestionarnos esa pregunta del padre Hurtado, que asalta nuestra conciencia con una respuesta que no se nota: desigualdad social preocupante, apremio en nuestros puestos de trabajo pensando en que me pueden echar de él, sueldos indignos de los jubilados y pensionados, despersonalización de las relaciones humanas, desintegración de nuestras familias, grados insospechados de violencia e inseguridad.
¿Qué es lo que queremos para Chile?... ¿indiferencia por el sufrimiento ajeno, desigualdad social, familias desechas por intereses personales?... ¿Es eso lo que queremos para Chile? La respuesta a esta última pregunta va a depender de las prioridades de nuestra vida. Para algunos, hacer grande a Chile significa tener un mayor poder económico, vivir diluidos en un mundo globalizado, en el que paradójicamente no me entero, o no me quiero enterar de lo que le ocurre a mi vecino, llevar la mayor cantidad de dinero a mi hogar, para que a los niños “no les falte nada”; para otros hacer grande a Chile va a significar abrir los ojos, trabajar para ayudar a otros, poniendo sus talentos y tiempo a disposición de los demás, aprendiendo a escuchar y compartir. Este último Chile, que se conlleva mejor con el evangelio, es al que queremos apuntar.
Si Judit, en la primera lectura, no hubiese sido capaz de confiar en el poder de Dios para vencer a su enemigo, jamás hubiese podido ayudar a su pueblo. Esa confianza necesitamos para hacer grandes cosas. El magistrado Ozías así lo declara: “Nunca olvidarán los hombres la confianza que has demostrado y siempre recordarán el poder de Dios...” Creo que en Chile nos faltan hombres y mujeres valientes, capaces de caminar tranquilos y confiados en el poder de Dios, poniendo sus talentos y fuerzas al servicio del bien común. El cristiano, el católico, es un ser con vocación de servicio. No busquemos a esas personas al lado nuestro, porque nosotros somos los primeros responsables de esta tarea.
La oración por los gobernantes y habitantes de un país, es algo agradable a Dios, nos dice Pablo, porque ello ayuda a que se construya la paz y el bienestar para todos, aprendiendo a llevar una vida piadosa y digna de acuerdo al querer de Dios. Nosotros, la primera tarea que debemos hacer, es orar por ellos, para que actúen con “recta intención, sin arrebatos ni discusiones” nos decía la lectura. El trabajo de los gobernantes es preocuparse por el bienestar de todos, el deber de los que son gobernados, es conocer a quienes les hemos dado nuestra confianza a través del voto, y orar por ellos.
Al finalizar esta reflexión, no nos olvidemos de la presencia de la Virgen, bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen, a quienes los Padres de nuestra patria, la pusieron como patrona y protectora. Pidamos a ella que interceda ante Dios para que Dios nos ilumine el corazón y las acciones, para que mueva nuestras conciencias y nos haga reaccionar, aprendiendo a hacer de Chile el país que Dios quiere. a ella como Madre de Chile, Generala de las Fuerzas Armadas, todos los hombres y mujeres de este país, nos encomendamos. Amén.

sábado, septiembre 22, 2007

La astucia de los Hijos de la Luz

25º domingo del tiempo ordinario
23.09.07

Lecturas
Am. 8, 4-7
Sal. 112
1 Tim. 2, 1-8
Lc. 16, 1-13

Avanzados ya en el tiempo ordinario, este domingo que vivimos, las lecturas nos llevan a pensar en el tema de la administración de los bienes que se nos encomiendan, sobre el abuso de quienes emplean a otros; y creo que esta premisa, la de ser un buen administrador, es la mejor empresa que podemos emprender junto al Señor para administrar los bienes que Dios pone en nuestras manos.
En la primera lectura, leemos al profeta Amós, que era un hombre muy preocupado por la conducta social de sus contemporáneos, especialmente de las desigualdades sociales que se vivían entre quienes tenían mucho, y quienes casi no tenían nada. En la época de los patriarcas y los jueces, se había llegado a una equilibrada idea de sociedad justa y solidaria, pero con el correr de los siglos, todas estas leyes habían caído en olvido, y por eso en la lectura de hoy, leemos una crítica muy fuerte respecto al traspaso de esas leyes de un modo arbitrario y mezquino. Pero el Señor, a través del profeta, les hace entender que Él es justo, y no dejará pasar esas injusticia contra los más débiles; el Señor hará justicia a los pobres pisoteados: fíjense que la lectura habla de hombres que esperan a que pasen las fiestas religiosas (en donde no se trabajaba), para poder seguir ganando más dinero y bienes del que ya tenían…¿suena conocido eso hoy? Realmente el texto hoy para Chile, es profético, cuando la Iglesia ha puesto en discusión el tema de un sueldo que sea de acuerdo a las ganancias de los empleadores.
En la segunda lectura de Pablo a Timoteo, le hace ver la necesidad de orar por quienes dirigen al pueblo, de rezar por quienes tienen en sus manos los destinos de los hombres: los gobernantes. Les recomienda que “los hombres oren constantemente, levantando las manos al cielo con recta intención, sin arrebatos ni discusiones”. En los gobernantes están los destinos de los pueblos, por lo mismo, orar por ellos, es ayudar a que Dios reine en la tierra, para que decidan según el corazón del Señor. Dios quiere que todos los hombres se salven, y que disfruten de “paz y tranquilidad, llevando una vida piadosa y digna”.
En el Evangelio de Lucas, continuamos hablando el tema del dinero y la administración, siendo creativos, responsables y fieles con lo encomendado. Hay dos puntos claros de comparación: los hijos de este mundo, que son sagaces, gestionan las cosas de este mundo (dinero), y por lo mismo, son esclavos del mismo, a quien transforman en su Señor; y los hijos de la luz, que conocen al Mesías, gestionan las cosas del Reino (Dios), a quien sirven fielmente. Es por esto, que al final del texto de hoy está esta máxima evangélica: “No se puede servir a Dios y al dinero”.
¿Qué deducimos de estas lecturas?
- La justicia de Dios es la garantía de los pobres: En la lectura de Amós leemos los atropellos de los que eran parte los poderosos comerciantes del Israel de aquella época. ¿Qué ocurre hoy entre nosotros al respecto? Hoy, vemos que en nuestro país también tenemos grandes diferencias y atropellos a la dignidad de los que menos tienen. El tema de la justicia social, no es ajeno a Dios ni a la Biblia, su Palabra. Es por ellos que nosotros, como hijos de Dios tenemos el deber de velar porque la justicia a nivel social, no sea solo una utopía entre los hombres, sino una realidad enmarcada en lo que Dios quiere para sus hijos. El tema de los sueldos, más concretamente, debe ser un tema de dignidad humana, que en nuestro caso es alimentado por la caridad divina que nos da para que nosotros administremos.
- Orar por todos: La oración, ya lo sabemos, es la riqueza de un corazón que no se cierra a nadie. Orar por quienes gobiernan, orar por los que tienen poder, orar por todos, por la prosperidad de todos los hombres, es un deber cristiano que no debe ser jamás dejado. Orar por quienes nos gobiernan, es orar por nosotros mismos.
- La astucia de los Hijos de la Luz: La expresión “Hijos de la Luz” en este evangelio se refiere a los primeros discípulos de Jesús que se han decidido a seguirlo, y por lo mismo, han sido “iluminados” por Jesús y su Evangelio. A ella se opone en el Evangelio la expresión “hijos del mundo”, en referencia a aquellos cuya vida gira en torno a las preocupaciones del mundo (poder, dinero, etc.) A estos últimos Jesús los alaba, no porque su proceder sea bueno, sino por la astucia que tienen para moverse entre las cosas del mundo, y por eso la parábola; sin embargo, el Señor llama a sus discípulos a ser tan sagaces como los hijos del mundo, a ser tan astutos como ellos, para actuar y moverse en el mundo como ellos, pero con una diferencia radical: Esa astucia no es para ganar para sí mismo, sino para los demás. Esa es la clave.

Iluminados por esta Palabra, pidamos a Dios la voluntad necesaria para hacer de nuestra vida un reflejo de la Voluntad Divina. Amén.

sábado, septiembre 15, 2007

Dios de las Misericordias

24º domingo del tiempo ordinario
16. 09. 07

Lecturas
Ex. 32, 7-11. 13-14
Sal. 50
1 Tim. 1, 12-17
Lc. 15, 1-32

El domingo pasado aprendíamos que la sabiduría y la prudencia son necesarios en nuestro itinerario de camino como discípulos; ahora, nosotros en este itinerario que nos van proponiendo las lecturas dominicales, aprendemos a caminar con el Señor, que quiere nuestro bien y nuestra felicidad. Para este fin de semana, nos presentarán una vivencia muy común entre nosotros, que es darle la espalda al Señor, muchas veces sin darnos cuenta. Por esto las lecturas nos hablarán de idolatría, arrepentimiento y vuelta hacia la casa del padre. El Señor nos llama a cada uno a mirar nuestro camino e identificarse con estas lecturas. Cada cual debe reconocer en este itinerario, su propia vivencia, que no siempre es de lo más fácil. Todas las lecturas, están traspasadas por un dejo de misericordia muy potente de parte de Dios, que en definitiva define nuestro camino como discípulos. Miremos las lecturas.
En la primera lectura, Dios critica al pueblo, que se ha olvidado de lo que Él ha hecho por ellos, y lo han reemplazado por un becerro de oro. Moisés intercede por ellos, y Dios les perdona la infidelidad; pero lo que destaca en la lectura, es el hecho de que el pueblo olvida tan fácilmente su historia con Dios, dejando de adorarle por reemplazarlo por un ídolo. Algo de eso también nos pasa a nosotros cuando dejamos que otras cosas ocupen el lugar de Dios en nuestra vida.
En la segunda lectura, Pablo nos insiste en que él ha alcanzado la misericordia de Dios por pura gracia, y que por lo mismo, proclama con toda seguridad que Jesucristo es el Salvador, en quien encuentran misericordia los pecadores.
En el Evangelio, nos encontramos con el capítulo 15 de Lucas, en donde se nos habla de la búsqueda, la alegría, la misericordia y de la vuelta a Dios. Este capítulo contiene a través de tres parábolas muchos elementos que nos hablan de un camino de conversión, y por lo mismo este capítulo 15 de Lucas es presentado muchas veces destacando estos elementos. Acá escuchamos hoy la parábola de la oveja perdida, la de una mujer que pierde una moneda, y la del llamado Hijo pródigo, o del Padre Misericordioso. El final de las tres parábolas destaca la alegría por encontrar aquello “extraviado” (la oveja, la moneda, el hijo), y subraya de ese modo la enseñanza de Jesús frente a los fariseos que le criticaban su cercanía por estar al lado de los pecadores y publicanos de la época.
Bien, ¿qué podemos decir para cada uno de nosotros?
- La idolatría nos aleja de Dios; la misericordia nos acerca a Dios: La idolatría de la que es objeto el pueblo, situación que nos describe la primera lectura; Israel se había olvidado, casi recién hecha la alianza, de su Señor, y no duda en reemplazarlo por un ídolo. Un ídolo es la imagen de algo falso, que lo exaltamos, dándole un lugar destacado, que nos llega a confundir con respecto al lugar que le corresponde. Nosotros, varias veces transformamos en ídolo en nuestra vida a personas, cosas o situaciones, que nos hacen olvidar el lugar que le corresponde a Dios. Pablo, lo entiende así, y por lo mismo proclama firmemente una sentencia segura: Jesús es el Salvador. El hijo pródigo del Evangelio, también equivoca su vida, transformando en ídolo su libertinaje, su dinero y demás excesos. Pero la misericordia de Dios, va más allá, y el perdón no se hace esperar frente al clamor de Moisés en la primera lectura, que intercede por Israel, y Dios les perdona; o en el Evangelio, donde el padre de la parábola del hijo pródigo, no duda en esperar todas las tardes la vuelta de ese hijo que se ha ido de su casa. Así nos trata Dios a cada uno cuando nos alejamos de su entorno.
- La alegría de Dios por encontrarnos: En el Evangelio, Jesús muestra esta actitud frente a tantas críticas de los fariseos que no se conforman con ver a Jesús rodeado de pecadores. La alegría es la enseñanza central de las tres parábolas: el hombre que encuentra la oveja perdida: “Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido...”; la mujer que se alegra de encontrar la moneda: “Alégrense conmigo, porque encontré la dragma que se me había perdido...”; y la alegría del padre cuando su hijo vuelve: “Es justo que haya fiesta y alegría, porque este hermano tuyo estaba muerto...”. Así se alegra Dios cada vez que nos atrevemos a salir de nosotros para abrirle su corazón, y hay fiesta en el cielo por ello.
- El olvido de Dios: Uno de los puntos altos de las lecturas de este fin de semana, van de la mano de este tema. El espíritu de los israelitas en el desierto que se olvidan de lo que Dios ha hecho con ellos, Pablo que reconoce que su vida estuvo mucho tiempo alejada de Dios, la actitud de la oveja que se va y se pierde, del hijo que abandona la casa del Padre, son sin duda, signos del olvido de Dios que las lecturas nos dejan como rastro para que reaccionemos positivamente frente a esta realidad que también nos toca de cerca muchas veces, cuando creemos que podemos vivir sin el Señor, o cuando sin darnos cuenta, sin hacerlo conscientemente, nos alejamos de su Voluntad, de su Presencia, de su casa… ¿Qué hacemos por volver?, que hacemos por reencontrarnos con Dios nuevamente?

Podríamos agregar muchos elementos más a las lecturas de este fin de semana, pero dejemos espacio a la oración de cada uno también. Amén.

sábado, septiembre 08, 2007

Discípulos entregados

23º domingo del tiempo ordinario
09.09.07

Lecturas
Sab. 9, 13-18
Sal. 89
Flm. 9 b- 10.12-17
Lc. 14, 25-33

En todo el camino del discipulado del Señor, no son pocos los que han dejado de seguirle por los motivos más diversos. Como católicos, creo que tenemos un alto nivel de deserción en comparación con otras creencias y religiones. A veces creo que no tuvieron la gracia de escuchar una palabra acogedora dentro de la Iglesia, otras, que ellos también se cerraron a esa gracia, otras, que siempre fueron parte del montón y jamás se custionaron su forma de vivir el cristianismo en el mundo, y lo religioso lo asocian más a algo mágico y supersticioso que a lo vivencial y cotidiano de la vida. Hoy, nosotros sabemos que el ser discípulo del Señor implica mucho más que rezar una hora a la semana; es una forma de vida, es como enfrentamos esa invitación que el Señor nos hace, es el atreverse a mirar al Señor de frente y decirle si de corazón.
En las lecturas de este fin de semana, nos llevan a plantearnos nuevamente estas propuestas de vida. Hoy, en la lectura del Evangelio, el Señor, que continúa su camino hacia su Pascua en Jerusalén, hace un alto, mira a toda esa multitud que le sigue, y les raya la cancha de un modo radical. Talvez, veía ya que mucho no le seguían con ánimo de jugársela por entero, y solo esperaban otro de sus magníficos milagros; pero Jesús quiere llevarlos un paso más allá. Si la semana pasada les hablaba sobre el discipulado (dejar orgullo y cultivar la humildad), hoy, en un texto inmediato al del domingo pasado, les habla sobre la radicalidad de ese discipulado.
En la primera lectura, el libro de la Sabiduría nos dice que es la sabiduría de Dios quien ayuda al hombre a discernir lo que corresponde para alcanzar esa vida de Dios, es la sabiduría la que lleva al hombre a la salvación. Es Dios quien nos ha dado esa sabiduría. El hombre necesita hacer ese camino de sabiduría para conocer el plan de Dios. En resumen nos dice que solo quien tiene la sabiduría venida de la gracia del Espíritu puede conocer y vivir en la voluntad de Dios: dichoso el hombre que alcanza ese nivel de discernimiento, porque se salvará.
En la segunda lectura, Pablo, anciano ya, le da recomendaciones a su hijo y amigo en la fe, Filemón, que reciba a Onésimo, a quien le pide tratar como un hermano; recordemos que en esa época, la esclavitud era habitual, y Onésimo lo era, sin embargo Pablo, saltando esos protocolos, le trata y llama hermano. Es un bonito paso, en el siglo primero, de mirar a la luz del Evangelio de Jesús más allá de las barreras sociales. Se trata de mirar como hermanos a quienes están al lado.
En el Evangelio, Jesús nos habla de una familia, que va más allá de la carnal; se trata de la familia de Dios, para la cual el primer paso es ser discípulo. La invitación del Evangelio es a formar parte de esta familia, no sin antes atreverse a cargar con la cruz que ello significa: Para eso, el hombre ha de ser prudente, calculando si está dispuesto a correr ese riesgo. Otras de las cosas que plantea es en relación al discipulado: ni las relaciones familiares, ni las posesiones materiales deben apartar del Señor. Renunciar es el verbo implícito que nos muestra la lectura.
Estas claves nos pueden ayudar para entender mejor este mensaje, y aclararnos en qué punto de nuestro seguimiento estamos hoy.
- Sabiduría y prudencia de parte nuestra: Hoy, estamos enfrentados a muchas cosas que no sabemos resolver como corresponde. Nos gustaría tener claridad frente a situaciones cotidianas, que pueden parecer tan sencillas, pero que en realidad exigen el mejor de los esfuerzos de nuestra parte: ¿cómo educar a mis hijos?, ¿qué le digo a esta persona que necesita una ayuda?, ¿qué decido frente a ese problema familiar?... no son pocos los cuestionamientos que enfrentamos. La primera lectura nos aporta alguna luz. Nos dice que el hombre no alcanza a ver todas las realidades, solo Dios lo hace; por esto es necesario pedir siempre la sabiduría a Dios para no desesperar frente a las preocupaciones diarias... y prudencia, como nos pide el Evangelio: no podemos hacer, decir o actuar sin antes saber bien en qué terreno nos movemos; hay que “calcular” si puedo terminar la torre que me propuse edificar, hay que “considerar” si estoy convenientemente “armado” para “enfrentar” a quien viene contra mi. La sabiduría para entender el plan de Dios, y la prudencia, son herramientas eficaces en este camino del Señor. El hombre sin ellas, poco podrá entender y hacer correctamente.
- Discipulado radical y sincero: El discípulo del Señor debe saber que su seguimiento no está sujeto a tincadas o corazonadas locas. No, es mucho más fuerte y radical. Implica un nuevo orden de relación con los demás, a los que se les pasa a tratar como parte de mi familia; se entra a formar parte de una nueva familia, la de Dios. Y este discipulado no se entiende sin desprendimiento; es el sello característico, es la forma más firme de ser discípulo. La sinceridad que supone dejar familia carnal para pasar a formar parte de una nueva familia espiritual, y el desprendimiento de lo mío, mis cosas para pasar a formar parte de una comunidad, supone sinceridad en mis acciones, incluyendo el llevar mi cruz junto a otros hermanos. Supone hacer un ejercicio de cálculo, de oración, de búsqueda y fortalecimiento para saber si estoy dispuesto a hacer ese tránsito de hombre que ve pasar al Señor y ese otro hombre que se atreve a caminar con el Señor como discípulo suyo.
- Aprender a renunciar a aquello que me ata: Esta es una clave muy importante, que enmarca el Evangelio, y que debe caracterizar mi caminar. Y no es fácil, pero la renuncia se da en el contexto de discipulado, o sea, en un camino que significa cargar una cruz, llevar en mi mente y corazón el querer del Señor, su Palabra, su gracia. Solo así la renuncia y la entrega tendrán un sentido redentor y nos entrará en provecho para nuestra misma salvación.


Debemos sopesar prudentemente nuestra vida, y de hacer los cálculos necesarios para tomar el ritmo de camino que Dios nos propone. A veces en nuestro caminar se nos olvida que no vamos solos; otras veces se nos hace casi rutinario seguir a Jesús. Y Dios no quiere que nosotros seamos solo espectadores, quiere que seamos discípulos, como lo aprendíamos la semana pasada, discípulos que corren su misma suerte. Amén.
Pidamos al Señor que nos enseñe a entender este camino, que nos ilumine la inteligencia de la fe, y que sobre todo, nos transforme en auténticos discípulos suyos. Amén.